Estamos convencidos de que uno murió por todos y, por tanto, todos murieron (2 Corintios 5:14).

Cuando nuestro Señor Jesucristo fue bautizado, fue bautizado por todo el mundo. Confesó para todo el mundo. Se arrepintió por el mundo entero. Todo lo que hizo nuestro Señor fue como nuestro representante.

No hay un acto privado de Cristo en la Biblia. Todo lo que hizo tiene un significado infinito y una profundidad infinita. La esencia del evangelio es que presenta a Cristo como representante del mundo.

Dios trata con nosotros basándose en la representación. Adán representó a la raza humana. Si Adán hubiera sido un vencedor victorioso, también lo habrían sido todos sus sucesores. Sus hijos, sus nietos. Tú y yo habríamos sido porque él nos representó.

Pero no se sobrepuso. Adam falló. Estábamos arruinados por el principio de representación.

A través de Jesús, somos salvos por el principio de representación. Tenga en cuenta que 2 Corintios 5:14 no dice: «Si uno murió por todos, no es necesario que todos mueran». Si fuera solo el principio de sustitución, eso es lo que diría.

Pero morimos. Nunca olvides. Moriste en la Cruz del Calvario en tu representante, Jesús. Allí, sus pecados fueron pagados a través de él.

– Desmond Ford

Con Cristo como tu representante, ¿cómo puedes acercarte a Dios? El Señor de Todo te representa. ¡Regocíjate hoy!

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