El joven seguidor de Jesús necesitó tres años de soledad donde el Señor le habló.

Antes de continuar con Hechos 10 me gustaría detenerme en lo que ocurrió entre el llamado de Saulo (Pablo) y el inicio de su ministerio de predicador del evangelio. Si leemos solamente Hechos parecería que los sucesos fueron rápidos, y que en pocas horas Saulo ya estaba predicando en Jerusalén.

Sin embargo en Gálatas 1 el mismo Pablo relata más detalladamente el proceso. En los comentarios anteriores usé básicamente la versión Nueva Versión Internacional (NVI) y lo seguiré haciendo. En ocasiones especiales estoy utilizando El Mensaje (MSG), una traducción de Eugene H. Peterson, que me gusta mucho, y ojalá la tengamos pronto en español.

Pablo nos cuenta: ¿Crees que yo hablo con fuerza para manipular a las multitudes? ¿O para buscar el favor de Dios? ¿O recibir un aplauso popular? Si mi objetivo fuera la popularidad, no me molestaría en ser esclavo de Cristo. Sepan esto, soy más enfático aquí, amigos, este gran Mensaje que les entregué no es un mero optimismo humano. No lo recibí a través de las tradiciones y no me lo enseñaron en alguna escuela. Lo entendí directamente de Dios, recibí el Mensaje directamente de Jesucristo.

Estoy seguro de que has escuchado la historia de mi vida anterior cuando vivía al estilo judío. En esos días hice todo lo posible por perseguir a la iglesia de Dios. Lo estaba destruyendo sistemáticamente. Estaba tan entusiasmado con las tradiciones de mis antepasados, que yo superaba en todo a mis compañeros en mi carrera. Incluso entonces Dios tenía sus ojos puestos en mí. ¡Por qué, cuando todavía estaba en el vientre de mi madre, él eligió y me llamó por pura generosidad! Ahora él ha intervenido y me ha revelado a su Hijo para que yo pueda contarle con alegría a los no judíos acerca de él.

Inmediatamente después de mi llamamiento, sin consultar a nadie a mi alrededor y sin subir a Jerusalén para conversar con los que fueron apóstoles mucho antes que yo, me escapé a Arabia. Más tarde regresé a Damasco… Pasaron tres años antes de que subiera a Jerusalén para conocer a Pedro. Estuve allí sólo quince días, ¡pero qué días fueron! Excepto por el hermano de nuestro Maestro, Santiago, no vi a otros apóstoles. (Te estoy diciendo la verdad absoluta en esto).

Entonces comencé mi ministerio en las regiones de Siria y Cilicia. Después de todo ese tiempo y actividad, todavía los hermanos de Judea no me conocían personalmente. Solo había este informe: “Ese hombre que una vez nos persiguió ahora está predicando el mismo mensaje que solía tratar de destruir”. ¡Su respuesta fue reconocer y adorar a Dios por mí ! (Ga. 1. 10-24 MSG).

Este texto no se contradice con lo relatado por Lucas en Hechos. Solo que Pablo relata mayores detalles.

Tenemos claro según el mismo Pablo que tuvo que pasar de Damasco, a Arabia, luego volver a Damasco, y finalmente ir a Jerusalén. Todo esto llevó unos 3 años.

Todos necesitamos un tiempo de silencio. Algunas cosas están bien claras según Pablo:

  • El evangelio que yo predico no es invención humana.
  • No lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano.
  • El evangelio me llegó por revelación de Jesucristo.
  • Cuando Dios tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté con nadie.
  • Tampoco subí a Jerusalén para ver a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui de inmediato a Arabia, de donde luego regresé a Damasco.
  • Después de tres años, subí a Jerusalén para visitar a Pedro, y me quedé con él quince días.

Pareciera que 3 años es mucho tiempo. Yo creo que Dios actúa de diferentes formas en su multiforme sabiduría. No puedo negar que existieron personas que recibieron su llamado y a los pocos días ya eran grandes predicadores, pero esto mayormente no es así.

El teólogo N. T. Wright escribió un libro titulado “Paul: A Biography” donde realiza un paralelismo interesante entre la vida del Profeta Elías y el ministerio del apóstol Pablo. El que tiene acceso a este material debería leerlo. Existen algunas sinopsis o resúmenes en español en Internet.

Según Wright, Pablo fue durante estos 3 años de tiempo a la región de los Nabateos, Aretas IV (2 Corintios 11.32-33). La región incluía Damasco, Petra, y otras ciudades en el desierto, en la península del Sinaí. Así que tal vez Pablo anduvo algún tiempo alrededor del Monte Sinaí, o en otros lugares solitarios.

Vemos que Elías pasó también periodos de tiempo en soledad en esa zona. Vemos a Jesús también 40 días en el desierto, a Juan el Bautista, en el silencio, en lugares apartados.

¡Qué bueno que Pablo haya contado algo de esto en Gálatas!

¿Y por qué lo digo? Evidentemente el joven seguidor de Jesús necesitaba 3 años de soledad donde el Señor Jesús le habló, le hizo relacionar los textos del Antiguo Testamento que Pablo se sabía de memoria con el Mesías Jesús, su muerte, resurrección, y su plan para rescatar a gentiles y judíos.

Yo necesito del silencio – Tú necesitas del silencio.

Sé que hay muchas personas que no soportan el silencio. En medio de una crisis de fe que tuve hace unos 21 años, me propuse recorrer todas las iglesias posibles para encontrar algo diferente de lo que me habían predicado durante 30 años. Llegué a iglesias muy ruidosas, con música a todo volumen, con todos los tipos de instrumentos musicales, donde podía aplaudir, saltar y brincar.

Pero hoy me doy cuenta que a más agitación de mi espíritu, lo único que lograba hacer era mantener callado a mi espíritu interior, y finalmente lograba únicamente escuchar lo que yo quería escuchar, y no escuchar la voz de Jesús.

Alguna vez me interesé en los retiros de quietud y silencio Querib y pensé que serían algo interesante. Lastimosamente un tiempo estuvieron de moda, pero luego la gente prefirió los retiros donde podían hablar, hablar y hablar, comer abundantemente y jugar mucho fútbol y voley.

Hace unos años vi una película en Youtube titulada “La gran prueba” con Gary Cooper, donde la trama trata de una familia cuáquera. Hoy no son muy conocidos en el mundo de habla hispana, pero es una corriente cristiana surgida en Inglaterra, fundada por George Fox (1624-1691). También se la conoce como la Sociedad de los amigos.

Me gustó mucho que ellos tienen como principio fundamental el tema de que cada persona puede escuchar la voz de Cristo en su interior en medio del silencio. Entonces sus reuniones consisten mayormente en tiempos de silencio donde en oración y lectura de la Biblia buscan discernimiento espiritual (la luz). La última parte de la reunión en muchos grupos se da lugar para que cada persona que desee hable y cuente sobre lo que Dios le habló. No hay sermones, generalmente no hay música. Hay mucho silencio.

Es mi sueño formar alguna vez en Paraguay una sociedad de amigos. No digo que todos necesitan del silencio, ni que todas las iglesias deban implementarlo, pero yo personalmente, necesito del silencio, más que nunca antes.

Les recomiendo visitar el canal de Youtube QuakerSpeak donde amigos de todo el mundo van contando (en inglés) su experiencia, sus encuentros con el Señor en los tiempos de silencio.

A mi esposa le cuesta mucho, pero de a poco estoy logrando tener por lo menos periodos de 10 minutos de silencio, antes de orar para dormir.

Les comparto mi experiencia. Tal vez esto de los silencios y Pablo, sea un tema para seguir analizando. Y si alguien quiere formar parte de un grupo de amigos, donde el silencio sea un invitado especial, comuníquese conmigo y veremos cómo lograrlo.

“El Señor le ordenó a Elías:

—Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.

Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto.  Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.  Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le dijo:

—¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Reyes 19. 11-13 NVI).

«¡Silencio! ¡Sepan que yo soy Dios! ¡Todas las naciones del mundo me honrarán!» (Sal. 46.10 NBV)

“…Que toda la tierra guarde silencio delante del Señor” (Hab. 2.20 NTV)

Bendiciones y ¡hasta la próxima!

  • Wolfgang A. Streich

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