Cuánto bien nos haría vivir historias como la de Pedro y Cornelio o como la de Saulo y Bernabé en Antioquía.

En este breve comentario trataremos la llegada del evangelio a un grupo de ciudadanos romanos de Cesarea (sobre la costa del Mediterráneo, a unos 104 km de Jerusalén y a unos 43 km. de Samaria); y a la ciudad de Antioquía de Siria (hoy Turquía) a más de 500 km. de Jerusalén.

Es bueno aclarar que en el libro de Hechos aparecen dos ciudades diferentes con el nombre de Antioquia. Para distinguirlas, en Hechos 11 aparece Antioquía de Siria, y en el capítulo 13 Antioquía de Pisidia (a 1.402 Km. de Jerusalén). Digo todo esto solo para ubicarnos.

Un almuerzo difícil de tragar (Hechos 10.1 – 11.18)

Cuando yo era solo un niño, esta historia me dejaba perplejo y desconcertado. Siendo parte de una familia adventista, para nosotros era inconcebible que un cristiano pudiera comer un pedazo de jamón de cerdo o de otro animal prohibido en Levíticos 11.

Algunos «expertos» de la iglesia nos daban algunas explicaciones, de que esto era solo un sueño, y bueno… que Pedro jamás comió ninguno de estos animales del relato. Mi horror llegó a decibeles extraordinarios cuando cierta vez me contaron, en casa de unos amigos, que habíamos comido una sopa de carpincho. Hoy me río de aquellas tonterías.

Bueno, aquí en Hechos vemos a través de una serie de revelaciones y sucesos providenciales Dios amplió la cosmovisión de Pedro y la de Cornelio y su entorno. Este cambio de cosmovisión transformó el modelo de evangelización de toda la iglesia primitiva.

Ya habíamos visto en capítulos anteriores la conversión de los samaritanos, y también la del etíope. Pero pareciera que la conversión del etíope no causó un impacto mayor entre los líderes de la iglesia (todos de origen judío en ese momento) referente a la conversión de los gentiles.

Ustedes seguramente conocen la historia… Pedro en Jope, esperando el delicioso almuerzo, cuando de repente entró en éxtasis y vio tres veces un lienzo lleno de animales impuros, y oyó la voz del Señor indicando que coma… Y luego la aclaración tres veces de «Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro» (ver 10. 9-17).

Por otra parte un Centurión romano llamado Cornelio, en Cesarea, recibió una visión de un ángel con indicaciones de ir a Jope y buscar a Simón Pedro (10. 1-7).

Todo lo que sucedió después lo conocemos… Solo para resaltar:

•             Pedro va a casa de Cornelio con otros seguidores de Jesús (de origen judío). (ver 10.24-48)

•             Pedro aclara que no es su costumbre entrar a casa de gentiles. (vv. 27-28)

•             Pero aclara: «Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo». (v.28)

•             Cornelio relata la visión del ángel. (vv. 30-33)

•             Pedro declara: «Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia». (vv. 34-35)

•             Pedro predica el evangelio de Jesús. (vv. 36-42)

•             En medio de la predicación el Espíritu Santo desciende sobre todos los que escuchaban el mensaje y hablaban en lenguas. (vv. 45-46)

•             Todos fueron bautizados. (vv, 47-48)

•             Pedro se queda en casa de Cornelio algunos días (v.48)

Esto mismo Lucas redactó en forma de resumen en el cap. 11 (vv. 1-18) en un informe verbal que Pedro presentó a la iglesia en Jerusalén.

El resultado del informe es: «Al oír esto se apaciguaron»; (se ve que algunos cristianos de origen judío estaban muy molestos…) Pero luego del informe alabaron a Dios diciendo: ¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida» (11. 18).

¡Qué maravilla de comunicación transformadora de Dios! Dios transformó la vida de un grupo de gentiles. Pero ¡mayor maravilla! Dios transformó la mente de Pedro. También la de seis hermanos que fueron con Pedro; y finalmente la mente la de los demás apóstoles y seguidores de Jesús de origen judío de Jerusalén.

En medio de todo este relato apasionante nos surgen algunas preguntas:

  • ¿Por qué estos gentiles convertidos hablaron en lenguas antes de ser bautizados en agua?
  • ¿Qué necesidad había de que esto ocurriera?

En primer lugar Pedro explicó en Jerusalén: «El Espíritu Santo descendió sobre ellos como al principio descendió sobre nosotros» (11.15). Los samaritanos no habían hablado en lenguas, o por lo menos Lucas no lo menciona. Y únicamente esto del don de lenguas vuelve a aparecer esto en el capítulo 19.5.

Podríamos especular bastante, pero yo creo que Pedro comparó esto con el hablar en lenguas del cap. 2. Por tanto debería ser sin duda alguna que hablaban en otros idiomas, aunque aquí el motivo no era para predicar a extranjeros, sino para demostrar la acción del Espíritu Santo sobre los gentiles a los seguidores de Jesús de origen judío.

Pero este no es el tema central aquí.

Aquí el tema central es «Para Dios no hay favoritismos» (10.34)

La gran pregunta es: ¿Estamos nosotros dispuestos a emprender misiones igualmente arriesgadas e inauditas como la de Pedro? (ver González, pp. 215-217).

La iglesia se expande – El evangelio en Antioquía de Siria (11.19-30)

No hablaré mucho sobre esto. Vemos que fruto de la dispersión, seguidores de Jesús de Jerusalén emigraron a Antioquía (a unos 500 km.) y predicaron el evangelio de Jesús, y un buen número de personas se convierten.

De Jerusalén enviaron a Antioquía a Bernabé, pero antes este buscó a Saulo y ambos fueron a esta ciudad como misioneros por un año.

Vemos que aquí el evangelio se expandió grandemente, y por primera vez se llama cristianos a los seguidores de Jesús (11.26)

Termino con una cita de Kürzinger, en González (Comentario Bíblico Iberoamericano de Hechos de los apóstoles; pp. 221-222)

«Para Saulo y también para Bernabé fue un año de maduración de sus conocimientos y de sus ideas, que utilizarían pronto, cuando emprendieran una misión evangelizadora en gran escala entre los paganos. En aquel año en Antioquía se vio, con claridad y seguridad crecientes, cómo la Iglesia se liberaría del aislamiento en que la colocaba la mentalidad legalista judía. De este modo se preparaba algo que determinaría el camino de Saulo y le convertiría en el incomparable heraldo de la salvación cristiana, de la gracia y de la libertad en Cristo«.

¡Maravilloso plan de los designios de nuestro Dios! ¡Cuánto bien nos haría experimentar en nuestras vidas historias como la de Pedro y Cornelio en Cesarea! ¡Y también historias como las de Saulo y Bernabé en Antioquía!

Bendiciones y ¡hasta la próxima!

Wolfgang A. Streich


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