A través de este drama, junto con un poco de temor podemos reír de buenas ganas con el humor del hermano Lucas.

Hemos visto hasta ahora que la expansión centrífuga del evangelio de Jesús ya ha avanzado 500 kilómetros o un poco más. Y con el avance del cristianismo, el imperio de Roma (en otras partes del NT: Babilonia), no se queda mirando con los brazos cruzados. Cualquier amenaza al poder (político o religioso), debía ser exterminada. Hasta aquí habíamos visto una persecución liderada básicamente por religiosos judíos.

En este texto quien lidera la persecución de los cristianos es Herodes Agripa. En Hechos 12. 1 y 2 «hizo arrestar a algunos de la iglesia con el fin de maltratarlos. A Jacobo, hermano de Juan, lo mandó a matar a espada» tras posiblemente un juicio oficial romano.

«Herodes Agripa, fue nieto de Herodes el Grande y sobrino de Herodes Antipas. En el año 37 recibió el título de «rey». A partir de entonces, a base de su habilidad política y de sus mañas con los romanos y con los jefes judíos, fue añadiendo territorio bajo su dominio, que llegó a alcanzar un área semejante a la que había gobernado su abuelo… Herodes Agripa supo congraciarse con los jefes judíos, y con los principales sacerdotes, y de ese modo contar con su colaboración» (González, Justo. Hechos de los Apóstoles. Comentario bíblico Iberoamericano, pp. 228, 229)

En este contexto se da la encarcelación de Pedro y su liberación (12.3-19).

A partir de aquí usaremos solo Agripa… Ya sabemos de quién se trata.

Más allá de lo trágico de la historia, en este texto Lucas utiliza un poco de sarcasmo, muy saludable en medio de tantos problemas.

Vemos algunos paralelos del juicio de Pedro en esta oportunidad, con el juicio del Señor Jesús. El hecho sucede durante la fiesta de los Panes sin levadura para realizar el juicio público después de la Pascua (ver 12. 3-5). Según González parece una búsqueda de popularidad de parte de Agripa, más que simplemente justicia (p. 231).

Agripa actúa para congraciarse con los judíos, pero su autoridad viene de Roma. Aquí notamos lo complejo que pueden ser las distintas alianzas buscando consolidar o aumentar el poder.

Lo que vemos aquí, evidentemente no es un simple encarcelamiento, sino que lo más probable era que Agripa estaba buscando que a Pedro le suceda lo mismo que a Jacobo, hermano de Juan.

Según el texto (12.4) Pedro estaba bajo la vigilancia de al menos 16 soldados romanos (cuatro grupos de 4). Aunque el texto no lo diga, posiblemente Pedro estaba encadenado con esposas a un par de soldados. Aquí seguramente iban turnándose en las diferentes puertas de la cárcel.

Posiblemente todo este sistema de seguridad sea uno de los primeros actos de ironía de Lucas. ¿Cómo es posible que 16 soldados romanos no puedan con un solo hombre?

Bueno, vemos en el desarrollo de la historia que no era un hombre solo. Era toda una iglesia que estaba orando (12.5) y era Dios interviniendo a través de un ángel.

Vamos paso por paso, 15 dramáticos actos (12.6-11):

1.           Un ángel aparece en la cárcel.

2.           Una luz alumbra la celda.

3.           Pedro duerme y continúa durmiendo.

4.           El ángel debe dar unas palmadas a Pedro para que este se despierte.

5.           El ángel dice a Pedro: «¡Date prisa, levántate!

6.           Las cadenas cayeron de la mano de Pedro.

7.           El ángel le dice a Pedro: «Vístete y cálzate las sandalias»

8.           Pedro sigue la orden del ángel.

9.           El ángel añade: «Échate la capa encima sígueme»

10.         Pedro sale tras el ángel, pero en realidad no estaba seguro si esto era realidad, o solamente un sueño o visión.

11.         Pasan la primera guardia.

12.         Pasan la segunda guardia.

13.         El portón de hierro que daba a la ciudad se abre solo.

14.         El ángel y Pedro salen.

15.         Pedro vuelve en sí y dice: «Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme del poder de Herodes y de todo lo que el pueblo judío esperaba»

A través de este drama casi que podemos imaginarnos todo lo que iba pasando, quizá alguno con un poco de temor, pero en medio con unas buenas carcajadas.

Pero aquí no termina la historia.

«El relato que sigue, al mismo tiempo es muy serio, tiene un viso de comedia. Pedro se dirige a una casa donde sabía que habría muchos cristianos orando. Lucas dice que era la casa de María, la madre de Juan, apodado Marcos (12.12)»…

1.           Parece haber sido una casa grande… Pedro toca y viene la criada Rode. (12.13)

2.           Rode reconoce la voz de Pedro, y en lugar de abrirle, corre alborozada a avisarles a los demás ¡Pedro está a la puerta! – exclamó. (12.14)

3.           Las personas a pesar de haber estado orando por la liberación de Pedro, no creen en el milagro y le dicen que está loca. Dicen… seguro es un fantasma o un ángel (12.15)

4.           Mientras tanto Pedro sigue tocando la puerta. (12.16)

5.           Cuando por fin abren la puerta (después de un largo rato) Pedro pide que todos se callen. Seguramente Pedro piensa que tanto barullo podría alertar a los vecinos y también a los soldados. (12.17) . Todos están pasmados.

6.           Pedro dice que le cuenten esto a los hermanos que no estaban presentes (12.17), y luego se fue a otro lugar.

Si usted siguió en su imaginación esta historia no dejará de reír. A veces leemos estos textos sin detenernos en los detalles.

Pero la historia de repente no resulta tan simpática. Parece que Agripa tuvo un arranque de ira, y castigó a los soldados, tal vez hasta la muerte (12. 18-19). Tanta rabia le dio a Agripa que dejó Judea y se fue por un buen tiempo a Cesarea.

El resto del capítulo (vv. 20-25) presenta a Agripa muy furioso, queriendo arreglar su imagen desgastada. Es allí donde se pone a dar un discurso grandilocuente. Se vistió con su traje real, se sentó en un trono, y no sabemos qué dijo; pero el pueblo empezó a exclamar: «Voz de un dios, no de un hombre». No sabemos bien si él mismo Agripa presionó al pueblo para que gritara esto, o si fue un acto espontáneo de la gente. Sea como sea, al instante un ángel lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios, y fue comido por los gusanos.

Esto pareciera que no es un buen final, o tal vez un final muy violento. Debemos recordar que el gran epílogo final de la historia de la humanidad será: «Nadie, nadie, no importa quien sea, nadie terminará bien intentando ponerse en lugar de Dios».

Le recomiendo de nuevo tomar y leer todo el texto de Hechos 12. Trate de imaginar cada aspecto del relato. Ore para orar como la iglesia por Pedro; ore por no tardar tanto tiempo en creer en la respuesta del Señor. Confía en que el Señor exterminará a los «poderosos» de esta tierra.

«Y la palabra de Dios seguía extendiéndose y difundiéndose»; (12.24)

Tal como dice nuestro lema PyTheos: Buenas Noticias Ilimitadas – La Noticia viaja rápidamente – Comparte la noticia.

Bendiciones y ¡hasta la próxima!