Sus discípulos respondieron: «¿Dónde podríamos conseguir suficiente pan en este lugar remoto para alimentar a tanta gente?» «¿Cuántos panes tienes?» Preguntó Jesús. – Mateo 15. 32–34.

Cuando Jesús sugirió a los discípulos que quería alimentar a la enorme multitud de 4.000 personas junto al lago, los discípulos pusieron miles de excusas. Con demasiada frecuencia somos iguales.

Al igual que lo hizo con sus discípulos junto al lago, Jesús no se enfoca en nuestras excusas, en absoluto. En cambio, simplemente nos pregunta qué tenemos en la mano.

Me imagino que cuando los discípulos dijeron que tenían siete panes y algunos pescados, pensaron que Jesús habría respondido: “Ya veo. Usted tenía razón. Eso no sirve para nada. Pensemos en otro plan”. Pero eso no es lo que Jesús dijo en absoluto. En cambio, tomó lo que tenían en sus manos y lo convirtió en más que suficiente para alimentar a 4.000 personas.

No te asustes ante la enorme envergadura de lo que Jesús nos pide que hagamos: llevar el Pan de Vida al mundo. No nos pide que hagamos lo imposible. ¡De ningún modo! Él se encarga de eso.

Lo único que pide Jesús es que le demos lo que ya ha puesto en nuestras manos, por humilde o pequeño que sea, y él hará el resto. Cuando le ofreces a Jesús lo que tienes en la mano, es cuando suceden los milagros.

Comprueba lo que tienes en las manos hoy. En fe, ofrézcalo a Jesús. ¡Entonces retrocede y observa lo que sucede!

– Eliezer Gonzalez

Reflexión: ¿Hay algún desafío al que te enfrentas hoy? ¿Qué tienes en la mano? ¿Qué recursos y habilidades tienes que Jesús pueda usar? Pasa un tiempo en oración antes de comenzar tu día, pidiendo a Dios que bendiga lo que le ofreces, para la gloria de su Reino.


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