La encarnación de Jesús y los misioneros que encarnaron el mensaje en Hechos de los Apóstoles.

Una muy feliz navidad 2021 para todos los lectores de PyTheos (Teología desde Paraguay)

Pensé en realizar un paralelismo entre la encarnación de Jesús y el nacimiento de la iglesia cristiana.

Aunque en el libro Hechos de los Apóstoles no aparece ninguna referencia directa al nacimiento de Jesús en Belén, podemos realizar algunos paralelismos que pueden resultar interesantes.

Hechos de los Apóstoles posiblemente formaban un mismo y único libro con el tercer Evangelio, y posiblemente fue dividido posteriormente. El evangelio de Lucas y Hechos de Apóstoles son libros de un mismo autor y tienen una secuencia continua. Podemos ir a los primeros capítulos de Lucas y encontrar la anunciación, el cántico de María, el nacimiento de Jesús, los pastores, los ángeles y la presentación del niño en el templo (Lucas 1 y 2).

Es también interesante que algunos llaman a Hechos de los apóstoles «Hechos del nacimiento de la Iglesia», o también «El Evangelio del Espíritu Santo».

Buscando algunos datos relacionados con el nacimiento de Jesús y el nacimiento de la iglesia, encontré este comentario: «Un pueblo nuevo y un mundo nuevo ha nacido del costado abierto de Jesús, como el niño nacido en la sangre y el agua que se escurren del vientre de su madre. Iluminado por la palabra de Jesús y animado por su Espíritu, este pueblo se pone en camino para anunciar a todas las naciones las maravillas de Dios y para reunir en la unidad a los hijos dispersos» (Comentario de la Biblia Latinoamericana)

Rafael Zaracho* En el artículo Misión encarnacional señala lo siguiente:

«La encarnación es presentada como elemento central tanto para la tarea como para el modelo misional de vida para las comunidades de fe… La encarnación nos habla de un Dios quien viene a nuestro encuentro y rescate. Dios se hace humano en Jesús y nos ofrece la posibilidad de restaurar nuestras relaciones quebrantadas por el pecado. Dios sigue viniendo a nuestro encuentro por medio del Espíritu Santo y nos invita a recibir, experimentar y proclamar de manera anticipada la restauración de nuestras relaciones quebrantadas y afectadas por la envidia, injusticia y maldad. Todo esto revela implicancias misionales para las comunidades de fe». (Misión encarnacional)

Continuando la idea afirma lo siguiente: «En el centro de nuestras creencias y prácticas como comunidades de fe está la idea de un Dios que se ha hecho presente, tangible y real en nuestro mundo. La encarnación nos habla de este proceso en el que Dios se ha hecho carne y ha venido a “hablarnos” en nuestro idioma, contexto y cultura. La doctrina de la encarnación es uno de los pilares de nuestra teología y es en donde podemos ver más claramente el amor, cuidado y propósito de Dios para nuestras vidas, la vida de nuestras comunidades de fe y para toda la creación». (Ibid)

Es así que Zaracho señala que en la encarnación Dios viene a nuestro rescate. Así también podemos señalar que los apóstoles en Hechos encarnan el mensaje de salvación y lo llevan a todas partes para el rescate de los seres humanos.

Así como Jesús vino a este mundo encarnado, siendo Dios hombre, en Hechos Jesús está presente con su iglesia con la venida del Espíritu Santo. Aunque no podemos llamar encarnación a la venida del Espíritu Santo, Jesús señaló que el Espíritu vendría a vivir con nosotros y en nosotros (Juan 14).

Así como Jesús vino a nuestro encuentro, dejando su trono de gloria, el Espíritu Santo dejó su trono de gloria para venir a vivir en nosotros, seres humanos llenos de falencia y errores. El rol del Espíritu Santo, como ya lo habíamos visto, no fue predicar algo nuevo, sino simplemente recordarnos todo lo que Jesús dijo e hizo (Juan 14).

Por lo tanto, Hechos de los Apóstoles es un libro Cristocéntrico, y todo el ministerio de los apóstoles estuvo envuelto en el misterio de la encarnación de Jesús. ¡Maravillosa gracia! ¡Maravillosa encarnación!

Ministros que encarnan el mensaje de Jesús

Zaracho sigue diciendo: «En la encarnación vemos y afirmamos la presencia continua de Dios por medio de su Espíritu y por medio de su pueblo». (Ibid)

«Dios nos invita a ser sus colaboradores o agentes encarnacionales en y por medio de Cristo en el proceso de hacer real, tangible y “encarnar” nuestro encuentro con Dios e invitar a otros a que tengan este encuentro con Dios». (ver Hechos 1.8)

«Promovemos la encarnación como comunidades de fe cuando creamos y facilitamos espacios en donde podamos experimentar de manera anticipada o como un aperitivo del futuro la gracia, el misterio, y la misericordia de Dios. Como integrantes trabajaremos mediando y encarnando la presencia de Dios en nuestros contextos con la vista y esperanza futura de “cielo nuevo y tierra nueva” donde habrá restauración y reconciliación total (Ap. 21)». (Ibid)

«Debemos encarnarnos siguiendo el modelo de Jesús y recordar que … Dios mismo ya se ha encarnado entre las personas aún antes que lleguemos, preparando sus corazones para escuchar la Palabra de Dios, revelando la Palabra a ellos por medio del obrar del Espíritu Santo, y transformándolos por medio del poder de la cruz» (Ibid)

Implicancias de la encarnación en la misión de la iglesia

La encarnación nos habla de un Dios que viene a nuestro encuentro. «La visión de un Dios que viene a nuestro encuentro nos anima, primero, a salir y a ir al encuentro de las personas necesitadas. Esta visión nos anima a recordar que la naturaleza de nuestras comunidades es la de ser “enviadas”. Somos enviados a encarnarnos y por lo tanto nuestro llamado es a ser comunidades que van al encuentro de las personas quebrantadas, afligidas y oprimidas. Necesitamos reconocer y arrepentirnos de que con demasiada facilidad nuestras comunidades de fe se han ocupado y centralizado en los ministerios “dentro de las paredes” del templo y han enfatizado en el “venir” al edificio en lugar de enfatizar en el “ir.” Este “ir” tiene el acento de apertura y prioridad de nuestras actividades y ministerios hacia los necesitados. De esta forma nuestras comunidades de fe son llamados a ser y promover espacios encarnacionales para el herido y para las personas que tienen sus relaciones rotas ya sea con Dios, con el otro o con ellos mismos». (Ibid)

«Al ir al encuentro de las personas quebrantadas nos daremos cuenta de los efectos devastadores de la maldad, injusticias y violencias en diferentes grados y niveles de consecuencias. De esta forma nuestras comunidades de fe deben constituirse en espacios encarnacionales seguros donde se reconocen la tensión entre la realidad y la posibilidad, es decir entre aquello quienes somos y lo que podemos llegar a ser». (Ibid)

Y Zaracho da un paso más señalando:

«A la luz y el modelo de la encarnación, las comunidades de fe se constituyen en lugares encarnacionales donde se anuncian y extienden la esperanza de restauración. Además, en estas comunidades se crean el espacio y la oportunidad para encontrar sentido y propósito a la vida en medio de las relaciones rotas, quebradas y alienadas». (Ibid)

En todas las áreas de nuestras vidas somos llamados a encarnar y proclamar el evangelio de Jesucristo, su encarnación y la instauración del Reino de Dios en este mundo gracias a su vida, ministerio, muerte y resurrección para darnos paz y vida eterna.

Así como Jesús se encarnó, podemos decir que los discípulos en Hechos de los Apóstoles encarnaron el mensaje de Jesús en todas las áreas de sus vidas, siendo guiados por el Espíritu Santo.

«La encarnación delinea nuestra visión y misión como comunidades de fe, invitándonos a ser “agentes encarnacionales”. La vida, muerte y resurrección de Jesús nos ofrece el modelo de vida y relacionamiento para nuestras comunidades. Jesús nos envía a encarnarnos así como él fue enviado a vivir entre nosotros. La encarnación nos llama a ponernos en la brecha y ser agentes encarnacionales en nuestras sociedades. Llegamos a ser agentes encarnacionales porque hemos recibido, aceptado y experimentado el encuentro con Dios. Este encuentro es caracterizado por la imagen de un Dios de amor que viene a nuestro encuentro para traernos esperanza, restauración y reconciliación». (Ibid)

Zaracho concluye diciendo: «La encarnación nos habla de un Dios que viene a nuestro encuentro y rescate. Desde los primeros relatos de la Biblia podemos ver la intención de Dios en restaurar lo que la violencia, el engaño y la envidia habían destruido. En Jesús tenemos la irrupción en su máxima expresión en que Dios viene a nuestro encuentro y rescate. En y por medio de Jesús se ha inaugurado el gobierno de Dios. Este gobierno está caracterizado por la gracia y la misericordia y en el que somos llamados a ser “ciudadanos” y colaboradores con Dios de este gobierno. El Espíritu de Dios nos capacita y ayuda a ser colaboradores con Dios en este gobierno. Nosotros como seguidores de Jesús pedimos y buscamos que el Espíritu Santo siga incubando y fusionando de manera activa su presencia y su obrar en nuestras vidas, en medio de nuestras comunidades de fe y en medio de nuestra sociedad. De esta forma pedimos que Espíritu Santo renueve nuestro compromiso y profundice nuestro encuentro con Dios, con los otros, con nosotros mismos y con toda la creación.

El mejor aporte que podemos dar como iglesia a la sociedad en general es ser fiel a nuestro llamado y propósito encarnacional: una comunidad en donde sus integrantes buscan, trabajan, proclaman y encarnan que es posible vivir en restaurada relación con Dios, con los otros, con uno mismo y con toda la creación bajo la guía del Espíritu Santo y siguiendo el ejemplo del Jesús. Al vivir como comunidades encarnacionales estaremos buscando, trabajando y proclamando el evangelio de Dios. De esta forma estaremos creando espacios encarnacionales de restauración y dando oportunidades de crecer en la restauración de nuestra relación con Dios, con los otros, con nosotros mismos y con toda la creación». (Ibid)

*  Hemos considerado compartir de manera literal pasajes del artículo del Dr. Rafael Zaracho, director académico del Instituto Bíblico Asunción de la Universidad Evangélica del Paraguay. El artículo «Misión Encarnacional» fue publicado en la revista Espacio Teológico, Octubre de 2018,


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