Él le preguntó: —¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas? Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo: —Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él. . – Juan 20. 15

¿Cuál es la pregunta más importante del mundo?

Es esta: «¿A quién buscas?» Todos buscan a alguien.

Verá, la mayoría de nosotros creemos que estamos buscando cosas, porque si las encontramos nos harán felices. No lo harán. Jesús va al meollo de la cuestión. Dios sabe que las respuestas correctas solo se pueden encontrar cuando hacemos las preguntas correctas. Dios sabe que tú y yo, toda la humanidad, buscamos a alguien, no a algo. Y ese alguien es Jesús mismo.

Jesús está contigo.

En la tumba, María estaba angustiada porque no sabía dónde estaba Jesús. No podía estar más equivocada, porque lo que estaba buscando estaba parado detrás de ella todo el tiempo. Ella simplemente no lo reconoció. Estaba cegada por sus lágrimas.

Con demasiada frecuencia en nuestros tiempos de problemas, nos preguntamos dónde está Jesús. Le suplicamos a Dios: “¿Dónde estás, Jesús? ¡Prometiste estar conmigo siempre! ¿Dónde estás ahora, cuando te necesito? Y cegados, como María, por nuestras lágrimas, no reconocemos que Jesús estuvo con nosotros todo el tiempo.

La reprensión del Señor es la más gentil y hermosa que se pueda imaginar. Jesús solo dice tu nombre con un amor que ha sufrido mil heridas.

– Eliezer González

Reflexión: Cuando Jesús dice el nombre de María fuera de la tumba, transformó por completo su vida. Imagínense por un momento, si Jesús dijera tu nombre en este momento, ¿cómo lo diría? Y si Jesús realmente te está hablando, busca un lugar tranquilo y escucha lo que quiere decirte.


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