Vemos un grupo de fanáticos jurando no comer ni beber hasta haber matado a Pablo.

Ya nos encaminamos hacia el final del libro de Hechos. Es importante aquí recordar que nuestra meta es descubrir las aplicaciones comunicacionales en este interesante libro. Debido a nuestro énfasis, a veces no nos detenemos en todos los aspectos históricos del texto. Habíamos dicho al inicio de esta serie de estudios que la comunicación está muy relacionada a la Teología. Para los que creemos en Dios, creemos y experimentamos que Dios se comunica con los seres humanos. Y el ser humano, claro, también se comunica. Nos comunicamos.

También es cierto que no todo lo que comunicamos es 100% comprensible. Tomemos por ejemplo lo que dijo Pedro en una de sus cartas: «Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como lo escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le ha dado. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición» 2 Pedro 3. 15-16

Hechos de los Apóstoles es un libro más bien biográfico, pero vemos en los diferentes episodios cómo personas mal intencionadas tergiversaron lo que Pablo había dicho en algún momento.

En estos capítulos, vemos a Pablo llegando a Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, donde había mucha gente en la ciudad. Ya Pablo iba sabiendo de los problemas que encontraría en «la capital espiritual» del pueblo judío; vemos en 21. 4 a unos hermanos advirtiendo a Pablo que no vaya a Jerusalén. También Agabo le da una advertencia en 21. 10-13.

Vemos a los hermanos llorando, pero Pablo tiene la convicción de no cambiar el rumbo de su viaje.

Conflictos de comunicación en Jerusalén

Pablo llegó a Jerusalén con algunos que lo acompañaban. Allí lo recibió calurosamente la iglesia, y pudo dar un informe de lo que había pasado en los últimos viajes. Pablo había hecho un trabajo extraordinario saliendo de la iglesia de Antioquía de Siria, pasando por Chipre, todo lo que hoy en día sería Turquía, toda Asia Menor, Macedonia y Grecia.

A pesar de que Pablo ya había escrito algunas de sus cartas, al parecer los hermanos de Jerusalén aún no entendían muy bien el tema de la justificación solo por fe, o por lo menos tuvieron una idea bastante tonta. Intentaron que Pablo fuera al templo, y se haga pasar por un judío muy practicante de la ley, realizando algunos ritos de purificación de la ley judía (21. 20-26).

Pablo obedeció el consejo de los «líderes de iglesia» de Jerusalén, pero ocurrió algo que realmente complicó todo lo que estaba pasando.

Aquí quiero detenerme un momento. No se nos dice por qué Pablo siguió los malos consejos de «aparentar» ser un judío practicante. Pablo ya había tenido un problema con Pedro y Bernabé cuando estos quisieron «aparentar» no juntarse con los gentiles, cuando había judíos, en la iglesia de Antioquía de Siria (Ver Gálatas 1).

Pero bueno, ahora, en medio de los rituales, unos judíos que venían de Asia Menor, vieron a Pablo y empezaron a hacer un alboroto, acusando a Pablo de enseñar «por todas partes» a desobedecer la ley de los judíos y hablar en contra del templo. Lo acusaron de meter a un griego al «santo templo» de Jerusalén; a un gentil llamado Trofimo, de Efeso, que andaba con Pablo (21. 27-28).

Aquí vemos cómo rápidamente se puede crear un alboroto. La gente se precipitó en masa, sacaron a Pablo a empujones y estaban por matarlo a golpes (vv. 29-30).

El comandante romano (Claudio Lisias) y los soldados salvaron la vida de Pablo. Vemos aquí algo parecido al alboroto de Efeso, donde todo el mundo gritaba, y nadie sabía ni siquiera por qué estaban gritando. El comandante se llevó a Pablo, pero la turba seguía gritando: ¡Qué lo maten! ¡Qué lo maten! (vv.31-36).

En medio de cierta confusión del comandante, Pablo habla en griego, y le pide permiso de dirigir algunas palabras a la multitud.

El discurso de Pablo (cap. 22)

En el capítulo 22 Pablo da un discurso en arameo, contando lo que ya conocemos, su vida antes como judío devoto, y su conversión al cristianismo.

El populacho volvió a enfurecerse, cuando cuenta del llamado que Jesús le hizo a predicar a los gentiles (22. 21). Allí sí que se enfurecieron… y pidieron al Comandante «¡Bórralo de esta tierra!; ¡Este tipo no merece vivir!». Gritaban más y más, y se rasgaban las vestiduras y tiraban polvo por el aire… (v.22).

Tremendo. Debo reconocer que en toda mi vida de lector de la Biblia no me había fijado en todos los detalles de esta parte del texto bíblico. ¡Esto da para hacer una buena película!

El comandante romano estaba por azotar a Pablo, ya que no entendía el conflicto que estaba ocurriendo. No entendió tampoco el discurso de Pablo en arameo. Su obligación no era tanto ejercer justicia, sino mantener la paz.

Uno leyendo estos textos se explica por qué unos años después Jerusalén fue destruida por el ejército romano. No había manera de hacer entrar en razón a los judíos cuando estos perdían el sentido común.

Pablo comparte con el comandante la información de que él era ciudadano romano, y estaba prohibido azotar a cualquier ciudadano. Allí este se pega un susto tremendo y mandó traerlo para saber más del tema. (vv. 23-29)

Pablo ante el Consejo y conspiración para matarlo. (cap. 23)

Como el comandante Claudio Lisias aún no entendía el motivo del conflicto, mandó llamar a los líderes judíos (jefes de los sacerdotes y el Consejo en pleno). Allí en el capítulo 23 vemos a Pablo de manera muy inteligente indicar que él creía en la resurrección de los muertos (23. 6).

Y allí se armó una trifulca entre fariseos y saduceos. Se armó un altercado tan grande, con gritos, acusaciones, y empujones, que el mismo comandante tuvo que mandar a los soldados que sacaran a Pablo de la reunión.

A partir del v. 12 vemos a un grupo de fanáticos jurando no comer ni beber hasta haber matado a Pablo. Armaron una conspiración, un tremendo plan para el cuál no habría marcha atrás.

Un sobrino de Pablo se enteró de la conspiración y finalmente la información llega al comandante y rápidamente este decide armar un batallón de 470 soldados para llevar por la noche a Pablo a Cesarea, la capital política de Judea, donde estaba Félix, quien debería tomar una decisión sobre qué hacer con Pablo.

Resumiendo, este tiempo de Pablo en Jerusalén, fue un tiempo realmente candente. Tal vez los judíos esperaban rápidamente crucificar a Pablo, ya que muchas cosas similares al juicio de Jesús ocurrieron aquí. Pero la voluntad de Dios era que Pablo llegara a Roma; y lo preservó con vida, a pesar de todas las artimañas del enemigo.

Algunas conclusiones

1 – Qué compleja que puede llegar a ser una comunicación desvirtuada. Y una cosa lleva a la otra. Una comunicación confusa puede llevar a la gente a hacer cosas realmente locas. Me pregunto si esos personajes quedaron sin comer ni beber por el resto de sus vidas.

2 – Veo a un Pablo, tranquilo, sereno, hasta lleno de humor en algunas partes de la historia. Siempre dijo la verdad; y supo usar su sabiduría para confundir a los del Consejo. También se comunicó muy sabiamente con el comandante romano.

3 – Por su parte los cristianos de Jerusalén, casi que desaparecen de la historia. Evidentemente se borraron y lo dejaron a Pablo solo en medio del conflicto. No tengo elementos para juzgarlos, pero realmente esos ancianos charlatanes del capítulo 21 se metieron bajo la cama. ¡Qué triste!

Hay mucho sobre comunicación verbal y no verbal en el texto. Es un texto muy cargado de comunicación.

La semana que viene tocaremos los últimos capítulos de Hechos. Acompáñenos subrayando el texto bíblico, palabras y verbos relacionados a la comunicación; y haga muchas preguntas al texto.

Nos vemos; bendiciones y ¡hasta la próxima!

Wolfgang A. Streich


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