Jesús vio a las multitudes ( Mateo 5. 1 , NVI).

Antes de que Jesús pronunciara las Bienaventuranzas ( Mateo 5. 1–12 ), Mateo dice que Jesús vio a las multitudes. Él ve a las multitudes, no como las vemos nosotros, sino como solo Dios puede verlas. Vio a la gente como pecadores. Los vio como necesitados. Los vio morir. Los vio como infelices. Las multitudes buscan la felicidad en lo que pueden tener. Jesús sabe algo mejor.

Fuimos hechos para la felicidad, y Jesús sabe que la felicidad no brota de lo que tenemos, sino de lo que somos. Esta es la clave de la vida transformada. Las personas que siempre están tratando de aumentar sus posesiones nunca encontrarán alegría. La felicidad surge de lo que somos.

La felicidad brota de lo que somos.

Las Bienaventuranzas no se tratan de las cosas que nos esforzamos por tener en este mundo, sino de las cosas que somos en el reino. En el Reino de Dios, somos definidos por lo que somos. Estas son también las felicitaciones del cielo. Las Bienaventuranzas son el conjunto de felicitaciones de Cristo a la raza humana: la bendición del cielo.

No hay nada aquí que halague el orgullo, nada que alimente esperanzas ambiciosas.

Jesús estaba diciendo: “Felices los pobres en espíritu. Felices los misericordiosos. Felices los puros. Felices los pacificadores”. Jesús nos dice que no somos felices en lo que tenemos, sino en lo que somos.

– Desmond Ford

Reflexión: Tome una hoja de papel y dibuje una línea vertical por el medio. Por un lado anota tus bienes materiales. En el otro escribe quién eres en Cristo. ¿De qué lado preferirías quedarte? ¿Tus decisiones en tu vida reflejan eso?


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