“Ustedes se propusieron hacerme mal, pero Dios dispuso todo para bien”.  (Gen 50. 20).

Hay un significado maravilloso en el hecho de que el sufrimiento siempre da fruto. Siempre nos vuelve amargos o mejores. Nos agria o nos santifica. Todo tiene dos asas. La felicidad máxima depende del mango que tomemos. ¿Nuestros problemas nos harán amargados o mejores?

En esta vida, el sufrimiento siempre vendrá; no hay forma de esquivarlo. Es bueno recordar que el sol constante hace un desierto. Son las personas en prosperidad las que más fácilmente pierden a Cristo, no las personas en la adversidad. Por cada persona que abandona a Cristo bajo las presiones del dolor, los problemas y la tristeza, hay una docena que lo pierde por el éxito, la riqueza y la facilidad.

A lo largo de la Biblia, la historia es que Dios toma el mal y lo convierte en algo bueno. En la cruz, la gloria surge de la aparente derrota y pérdida. La carne desgarrada de Cristo se convierte en un cuerpo glorificado. La corona de espinas se convierte en una corona de gloria. El malhechor crucificado se convierte en el redentor del mundo. El Viernes Santo da paso al Domingo de Resurrección, y la mayor tragedia que el mundo haya conocido se convierte en la gloria del mundo.

A través de la Biblia se encuentra que, bajo la alquimia mística de Dios, todo el mal se vuelve bueno. «Los molinos de Dios muelen lentamente, pero muelen extremadamente bien».

– Desmond Ford

Reflexión: Si es cierto que «por cada persona que entrega a Cristo bajo las presiones del dolor, los problemas y la tristeza, hay una docena que lo pierde por el éxito, la riqueza y la facilidad», entonces ¿cuál es la peor tragedia? ¿Qué pides cuando oras?


Red BUENAS NOTICIAS ILIMITADAS – La Noticia viaja rápidamente – Comparte la noticia #redBnil