Si ustedes, los pecadores, saben cómo dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes se los pidan (Mateo 9:11).

Si hay un Padre celestial amoroso, y no debemos dudar de que él quiere hablar con nosotros. Debido a que hablar siempre debe ser una calle de dos sentidos. Todos los grandes personajes de la Biblia eran personas que oraban. Abraham, Elías, Jeremías, todos los profetas, Samuel, Ana, Pedro y Pablo, eran personas que oraban. No es de extrañar entonces que la Biblia hable de la oración 350 veces.

Ellos sabían lo que debemos aprender: que si viviéramos bajo la bendición constante del hecho supremo del universo de que Dios es amor, nuestras vidas estarían en paz constante.

Entonces, ¿qué es la oración?

La oración es necesidad,  es encontrar la voz de Dios. Se desliza a través de una puerta abierta para encontrar a nuestro mejor amigo en el universo. La oración es decirle a Dios lo que nos molesta, lo que nos preocupa. Es decirle a Dios cuando estamos agradecidos por su ayuda, cuando necesitamos su guía, cuando queremos su perdón, cuando hemos sido estúpidos, temerosos y ansiosos, y cuando hemos estropeado todo. La oración es un niño que va al Padre y derrama el corazón.

– Desmond Ford

Si la oración es tan importante, ¿qué te impide orar más? ¿Ha orado alguna vez durante diez minutos seguidos? ¿Una hora? ¿Todo un día o una noche? Te desafío a que encuentres un lugar tranquilo, tal vez en la naturaleza, que lleves tu Biblia contigo y ores durante una hora entera. Te aseguro que te cambiará.


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