Fue la última noche de nuestro Señor cuando hizo la más alentadora de todas las revelaciones a la humanidad, además del perdón de los pecados. Fue esa última noche que nos dijo que indicó que su muerte permitiría a los más débiles y peores seres humanos tener un Ayudador Todopoderoso y Amoroso.

Este Ayudador vendría a la tierra para quedarse, para permanecer para siempre en todos los que creyeran en Jesús, por débiles, tontos, errados, propensos a errores, por malos que fueran, siempre que mirasen a Jesucristo.

Y oraré al Padre, y él les dará otro Consolador, para que permanezca con ustedes para siempre; es el Espíritu de verdad (Juan 14. 16-17).

Nos enviaría otro Consolador, alguien como Jesús, para estar con nosotros para siempre.

Sin duda, la mayor de las blasfemias es  asegurar que aún no hemos entrado en las riquezas de nuestra herencia. Como se dijo en la antigüedad a los israelitas, aún queda mucho terreno por poseer esa herencia. Esto es cierto para todos nosotros, porque se nos ha dado a alguien como Cristo. Él está aquí y, sin embargo, a menudo vivimos como si estuviéramos solos. Nunca estamos solos. Tenemos un Ayudador Todopoderoso, Alguien que puede hacer más por nosotros ahora de lo que Jesús pudo hacer en los días de su encarnación por sus mejores amigos. Él dijo: “Os conviene que me vaya” (Juan 16. 7).

Para él fue una ventaja ir para que el Espíritu viniera, para que pudiera estar presente universalmente con cada alma creyente, ya sea en China, India, África, América o Australia; en Rusia o en Ucrania. ¡Qué regalo tan tremendo! Y ese Espíritu está tanto en la tierra con nosotros hoy como lo estuvo Jesús después de Belén. Él permanece para siempre. No se ha ido. No va y viene. Él está aquí.

Oro para que el Señor abra nuestros ojos para que veamos las profundidades de los privilegios de que no necesitamos vivir solos, ni tristes. Oro para que nos demos cuenta de que podemos estar preparados para la vida, al reconocer lo que nos enseña este discurso de Cristo: que sin él no podemos hacer nada, pero con él podemos hacer todas las cosas, todas las cosas necesarias en el plan de Dios. “Oraré al Padre, él les dará otro Consolador, alguien como Jesús”. ¡Qué tremendo estímulo!

– Desmond Ford.


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