Pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra del evangelio  que se les ha anunciado a ustedes (1 Pedro 1. 25).

Cristo es la única persona que ha vivido que afirmó ser Dios y, sin embargo, fue considerado cuerdo por los mejores de su generación. Su influencia fue mayor que la de todos los demás “maestros”.

¿Qué otro maestro se atrevió a pronosticar que sus enseñanzas durarían para siempre? Jesús declaró: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán» (Mateo 24. 35), y cada día surgen nuevas pruebas de la verdad de esto.

Cada nueva generación encuentra en las enseñanzas de Jesús lo que es nuevo, fresco e inspirador. Al mirar a través de los siglos, vemos cómo sus palabras se han convertido en enseñanzas, en doctrinas de la iglesia, en proverbios y en palabras de consuelo y apoyo. Sus palabras no han muerto, siguen siendo actuales y relevantes hoy en día.

Jesús dijo: «Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Juan 12. 32). Esta afirmación muestra que la vida interior y el factor unificador del cristianismo sería una persona, no una filosofía, y esa persona es el carpintero de Nazaret.

Por lo general, en las instituciones y en la religión, encontramos en el núcleo un conjunto de creencias, no una persona.  Pero el corazón del cristianismo no es un credo, sino una persona: Jesucristo.

– Desmond Ford

Si las palabras de Jesús son eternas, ¿Qué debemos hacer con ellas? ¿Cuál es su respuesta a la verdad de que el cristianismo se basa en una persona y no en un sistema de creencias? ¿Cómo es esto diferente de otras formas de pensar o de otras religiones del mundo?


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