En este capítulo (5) Juan de Patmos pasa a contemplar el problema de la historia y del pecado, por medio del símbolo del rollo sellado con siete sellos.

Entonces aparece dramáticamente el Cordero sacrificado y resucitado, y toma el libro de las manos del ocupante del trono. En seguida todo el cielo y todo el universo se unen en doxologías al Cordero y al que está sentado en el trono. (Stam, I: 196)

El libro que hizo llorar y cantar a Juan

Con una creatividad muy interesante ahora Juan se introduce, él mismo, como uno de los participantes de la escena celestial. Ve a Dios, el trono, y un misterioso rollo, escrito de ambos lados y completamente sellado… Parece una historia llena de misterios.

Aquí Juan ve que nadie podría abrir este libro (rollo) y de pronto se pone a llorar desesperadamente, al punto que un anciano debe reprenderlo para que deje de llorar.

Stam indica que el rollo respondía a las siguientes preguntas que posiblemente afectaron de manera profunda los sentimientos de Juan:

• ¿Tiene sentido la historia?

• ¿Cómo encontrar el sentido?

• ¿Cómo mantener la esperanza bajo las circunstancias aparentemente imposibles de la vida? (ver pág. 196).

El anciano sigue con su respuesta contundente al profeta llorón del Nuevo Testamento (el del AT es Jeremías): «¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos». (5. 5).

Para Juan, en medio de sus sollozos y gemidos, el anciano se vuelve «evangelista» para proclamarle buenas nuevas. (Stam I: 197)

Aquí el sentido del relato alcanza un claro contraste con el cap. 4 de Ap. Antes se anunció el poder del Mesías sobre toda la creación, tanto en el cielo como en la tierra. El cap. 5 la Buena Noticia tiene que ver con el rescate de la humanidad perdida en el pecado.

Jesús ha triunfado sobre el milenial enemigo de la humanidad (Satanás) para instaurar definitivamente su Reino de justicia.

Es aquí donde van apareciendo diversas figuras mesiánicas de Jesús: «El León de la tribu de Judá» «La Raíz de David que ha vencido» (v. 5); «Un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado» (con 7 cuernos y 7 ojos) (v.6).

Usted puede buscar las referencias bíblicas a esto en la Biblia de referencias Thompson, o en otra herramienta de trabajo teológico. Si se recuerda de las historias de la escuela dominical, también podrá identificarlas. Juan de Patmos transmite de manera espectacular lo que el Espíritu le está mostrando. No se pierde ningún detalle.

Por supuesto, todo se refiere a Jesús, y solamente a Jesús, en el centro de todo, en el centro del universo, pero también en el centro de las historias del Antiguo Testamento; también en el centro del Nuevo Testamento; y también en el resto de la historia de la humanidad.

Él era el centro de Israel, por más que casi nadie se diera cuenta; y también es el centro de la iglesia, por más que muchos estúpidos lectores del Apocalipsis no se dan cuenta. Jesús es el centro de toda la historia de cada uno de nosotros, por más que no nos demos cuenta de ello. Y Jesús está al control de todo.

Tal vez nos resulta un poco complejo entender lo que pareciera contradictorio entre un León y un Cordero. Si no las han visto aún, les recomiendo ver las películas «Las crónicas de Narnia».

1 – Jesús es digno porque como Raíz de David cumple cabalmente la misión vencedora del Mesías prometido por Dios y esperado por Israel.

2 – Jesús es digno porque como León de Judá cumple cabalmente la misión protectora del Mesías prometido por Dios y esperado por Israel.

3 – Jesús es digno porque como Cordero cumple cabalmente la misión redentora del Mesías prometido por Dios y esperado por el pueblo de Dios.

Al tomar el libro y abrir sus sellos el Cordero recibe potestad de encaminar todo el futuro hacia su Reino. Su muerte y su resurrección serán la clave secreta del sentido de toda la historia. (Stam I: 204)

Vemos en la descripción del Cordero, figuras de la vida, sacrificio (sangre y rescate) y resurrección de Jesucristo para redimirnos.

En los versículos 6 al 14, como con un solo paso el Cordero viene a ocupar el centro de todo el escenario y de hecho del universo.

Y allí surge una tremenda adoración universal al Cordero: Se postraron, arpas, incienso, cánticos sublimes… «Al tomar el rollo, el Cordero queda autorizado a ejecutar todos los decretos y juicios en él inscritos. El Cordero se revela como Señor soberano de la historia y del futuro. Ese paso hacia el trono, además de ser una prueba más de que el Cordero degollado realmente ha resucitado, vive y es digno de abrir los sellos, comienza a indicar algo nuevo, que la descripción anterior aún no había revelado, pero que la adoración siguiente va a dejar más allá de toda duda: ¡el Cordero es Dios!» (Stam, I: 208)

Stam resume esta adoración de manera magnífica: «Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se unen entonando el canto «digno eres». A este «canto de los 28» responden antifonalmente millones de millones de ángeles con una séptuple aclamación «es digno;» al que contesta toda la creación con una alabanza, ahora a Dios y al Cordero juntos«

Pero es interesante detenernos en los detalles de esta adoración (solo para que usted disfrute plenamente de esta adoración comparto el texto completo de Stam I: 211 – 214): «Viendo que el Cordero ha tomado el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se juntan en un «coro unido» para adorarlo. De la adoración antifonal de 4. 8-11 pasan ahora al cántico al unísono.

Mientras anteriormente sólo «decían» su alabanza, ahora cantan un himno. Y lo cantan con el melodioso acompañamiento de numerosas cítaras y la rica fragancia de abundante incienso. En conjunto es una situación litúrgica incomparable.

La primera respuesta de la corte celestial es caer de rodillas ante el Cordero que los ha sorprendido con su presencia. El último gesto litúrgico en la adoración al Creador es la primera acción en la adoración al Cordero.

Para los ancianos, es el mismo acto que repetían incesantemente ante el ocupante del trono como respuesta al Sanctus de los cuatro vivientes (4. 10).

Pero ahora, ante el Cordero, los cuatro vivientes hacen algo que no hacían en el capítulo anterior: ellos también se postran junto con los ancianos. Con este solemne gesto, «los veintiocho» expresan por una parte la grandeza y trascendencia del acto que se acababa de realizar: el Cordero ha tomado en sus manos las riendas de la historia.

Pero por otra parte, al tributarle la misma adoración (y aun aumentada) que le habían brindado al ocupante del trono, reconocen que aquel es digno del mismo culto que se le brinda a Dios.

Puesto que el libro del Apocalipsis insiste incondicionalmente en que sólo a Dios y a nadie más se ha de adorar de rodillas (19. 10; 22. 8-9), esta acción es una confesión sin ambigüedades de la plena deidad del Cordero.

Este impresionante coro unido eleva al Cordero un «cántico nuevo» (5. 9).

En las Escrituras hebreas Israel es exhortado a entonar un cántico nuevo a Dios, precisamente cuando el Señor ha hecho alguna hazaña poderosa para su pueblo. Nuevas misericordias deben celebrarse con nuevas melodías, no con las viejas canciones ya conocidas.

El cántico de Moisés, en celebración del éxodo, puede verse como prototipo de tales alabanzas. Otro cántico parecido es el de Débora. Uno de los cánticos del Siervo Sufriente promete «cosas nuevas»; el Siervo revestido del Espíritu traerá justicia y será luz para todos los pueblos.

Ante la novedad inaudita de esas hazañas salvíficas de Dios, el pueblo es exhortado a responder con un cántico también nuevo.

A partir de este enfoque mesiánico y escatológico algunos rabinos llegaron a afirmar que el «cántico nuevo» se vendría a entonar por primer vez sólo en los días del Mesías, como doxología por la maravilla de su redención.

Así podemos entender que el cántico nuevo de los vivientes y los ancianos corresponde doxológicamente al nuevo pacto y la nueva creación que ha traído el Cordero inmolado.

El aumento de la solemnidad litúrgica de este «cántico nuevo» se expresa también por las cítaras y las copas.

El arpa, como también su versión más pequeña la cítara (o lira), era considerada el más noble y dulce de los instrumentos. Aunque se usaba también en fiestas y bodas, su contexto definitivo era el culto. Estaba marcada por su asociación con el templo, ya que era el instrumento de los levitas, especialmente apropiado para acompañar a los salmos.

En el Apocalipsis el arpa es por excelencia el instrumento de la música celestial (5. 8; 14. 2; 15. 2).

Otro uso de esta arpa portátil (cítara, lira) era la celebración de las victorias y liberaciones nacionales. Después de la victoriosa guerra contra Moab y Amon, Josafat y su multitud «entraron en el templo del Señor al son de arpas, liras y trompetas»

Especialmente importante para el Apocalipsis es la celebración del éxodo en los cánticos de Moisés y María «con panderos y danza» . En dos pasajes del Apocalipsis que son claras referencias a dicha ocasión, Juan de Patmos destaca la importancia del arpa en las resonancias liberadoras de las victorias de Yahvé.

La palabra griega fiale, más que traducirse «copa», como la entendemos hoy, se refería típicamente a un platillo ancho y plano (cf. «patera») o cucharón con mango largo. En el contexto de nuestro pasaje puede traducirse mejor por «incensario». Es significativo que este incensario es de oro. Para el sacrificio diario de incienso el sacerdote usaba un incensario de bronce, pero en el día de la expiación, una vez al año, el sumo sacerdote utilizaba un incensario «de oro purísimo» para llevar el incienso al lugar santísimo.

El incienso oficial para el culto del templo, que se llamaba «incienso puro», tenía que prepararse según una fórmula exclusiva y muy costosa. Estaba estrictamente prohibido utilizar dicho incienso fuera del culto oficial (con miras a defender la pureza del culto, concentrando la práctica religiosa en el templo); a la vez estaba prohibido con igual severidad quemar cualquier otro incienso que no fuera la fórmula exigida en el altar del templo, para evitar así que se infiltrasen costumbres cananeas en el pueblo. Los ingredientes básicos especificados en Éxodo provenían de Arabia (Sabá, Jer 6:20; hoy Yemen) y de las costas de Somalia, al otro lado del mar Rojo. Otros componentes de la fórmula venían de Persia, el mar Rojo, Palestina, la actual Sri Lanka e India.

Josefo habla de trece ingredientes, derivados del mar, del desierto y del campo. El incienso se consideraba entre los tesoros más costosísimos. No sorprende que su ingrediente principal, el olíbano, aparezca entre los preciosos regalos traídos por los reyes magos.

Una vieja tradición bíblica asociaba el incienso con la oración de los fieles. Este pasaje, como Apocalipsis 8. 1-4, nos asegura que nuestras oraciones sí llegan al trono celestial y se incorporan en toda la hermosura del culto celestial. Imparten su insustituible fragancia al mismo cielo.

Nuestras oraciones, «llenas de aromas» (NBE), son del supremo agrado de Dios. Los cristianos, que en la tierra son despreciados, en el cielo son recibidos como incienso y escuchados con la mayor atención y contentamiento»

Muy interesante

Le coloqué aquí mucho material importante. Como tarea le dejo hacer una lista de 5 aplicaciones de Apocalipsis 5 para su vida, y 5 aplicaciones para su iglesia.

Lea Apocalipsis 6, subraye las frases y verbos relacionados con la comunicación. Realice preguntas al texto.

Para los que siguen la lectura del Comentario Bíblico Iberoamericano, aquí termina el tomo I, y el II va del capítulo 6 de Apocalipsis hasta el 11.

Bendiciones y ¡hasta la próxima!

– Wolfgang A. Streich


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