Cada uno de los siete milagros del Evangelio de Juan revelan que Cristo es capaz, no solo de resolver nuestros problemas particulares, sino de todos los problemas similares. En cada acto poderoso lo vemos como el Transformador.

Transforma el agua en vino, la enfermedad en salud, la impotencia en fuerza, el hambre en satisfacción, el peligro en la seguridad, la oscuridad y la ceguera en la luz y la vista y la muerte en vida.

Todos los milagros revelan su divinidad, porque “estos están escritos para que creas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengas vida en su nombre” (Juan 20. 31). Note cómo él es fuerte donde nosotros somos débiles:

El milagro de la fiesta de bodas revela el poder de Cristo para traer una nueva calidad de vida a la existencia humana. El agua se convierte en vino.

La alimentación de los cinco mil muestra su poder sobre la cantidad. Unos pocos panes y peces son suficientes para alimentar a un ejército, y hay mucho de sobra.

La curación de un hombre que había estado enfermo casi cuarenta años muestra el poder de Cristo a lo largo del tiempo.

Su envío de la palabra de sanación de Caná a Capernaum muestra el poder de Cristo sobre el espacio.

Su caminar sobre el agua revela su supremacía sobre la ley natural.

Su curación de un hombre que nació ciego ilustra su control sobre el azar aparente, es decir, sobre la no ley.

La resurrección de Lázaro testifica del poder de Cristo sobre la muerte. Él es ‘La resurrección y la vida’.

Así, cada una de estas obras poderosas testifica que Cristo no es un simple hombre. ¡Él es Dios! La divinidad de nuestro Señor es nuestra seguridad de la vida eterna y nuestra garantía de que Él es suficiente para todas nuestras necesidades en este tiempo presente, así como en el mundo venidero.

El evangelio de Juan tiene como mensaje la gloriosa verdad de que una vez que estemos unidos a Cristo por la fe viva, nuestra única limitación será la bienvenida de la voluntad de Dios, que siempre es buena. A pesar de nuestra debilidad y nuestra pecaminosidad, todas las cosas —la falta de suministro, de salud, de fuerza, de aparente seguridad, etc.— trabajan juntas para bien. Nada puede separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Pero, sobre todo, el Evangelio declara que los estragos espirituales de nuestra naturaleza causados ​​por el pecado pueden curarse mediante nuestro contacto de fe con el Cristo viviente.

– Desmond Ford.


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