Si queremos un resumen para comprender el evangelio, debemos recordar estas cosas: 

El Evangelio es “las buenas, alegres, y felices noticias que hacen que el corazón cante y que los pies dancen”.

Muchos hemos intentado cumplir un deseo interior, impulsado a veces por fuerzas externas (mucha “presión religiosa”), queriendo trascender nuestra naturaleza humana y pecadora.

Muchas veces yo mismo en el pasado he intentado hacer cosas fuera de mi alcance, y he quedado en ridículo, ante Dios, ante otras personas, y ante mí mismo. Nos inventamos la innecesaria obligación de ser como Dios.

En consecuencia, sentimos la punzante humillación de no ser suficiente buenos, de ser inferiores y de haber perdido el control.

No tenemos que ser buenos para ser salvos, pero sí tenemos que ser salvos para ser buenos. No se trata de quiénes somos, sino de a quién pertenecemos. ¡Cuán bueno es Dios! “No hay nada que podamos hacer para que Él nos ame más, ni nada que podamos hacer para que nos ame menos”.

La paz es una profunda disposición del corazón. Es humildad, es la capacidad de renunciar a la necesidad de ser aprobados por los demás o por nosotros mismos. Esa posibilidad tiene base en la certeza que nuestros aciertos o nuestras faltas en cualquier área no afectan en absoluto el amor de Dios hacia nosotros y nuestros prójimos. La paz que viene de confiar en que Dios acepta nuestro auténtico ser es la base de nuestra capacidad para llevar el amor reconciliador de Dios a otros en los ámbitos más humildes y en las acciones más humildes y cotidianas. 

– Desmond Ford. 


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