¡Cuán revolucionario es el cuadro de Ap. 7! Una multitud multinacional y pluricultural salta todas las barreras.

Como dije anteriormente, trataré de ser breve, conciso y macizo al escribir. Hay un dicho que dice: «El que mucho abarca, poco aprieta». Estuve fijándome en mis ensayos anteriores, y me parecen extremadamente largos. Perdónenme. A veces hay tantas cosas que uno quiere explicar, pero de tan largo, los lectores se pierden.

En este caso, me saltearé el tema de los 144.000 sellados, ya que creo que es obvio que es un cálculo matemático que representa a todos los salvos de todas las épocas.

Es interesante el paralelo del sellamiento, con el juicio para salvación mencionado por Jesús en Juan 3. 14 al 21; donde él explica el tema del día de la expiación a la luz del Nuevo Pacto.

Pasamos a los versículos 9 al 17

Aquí es bueno comparar aspectos del Antiguo Pacto con el Nuevo Pacto; Vemos una hermosa descripción celestial comparable con la fiesta de las cabañas, o la fiesta de las enramadas. También el texto está relacionado con el domingo de ramos, donde Jesús fue aclamado como Mesías, por una multitud unos días antes de su muerte y resurrección.

Aquí Juan ve «una gran multitud, de todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, tan grande que no se podía contar, y estaban de pie delante del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano. Gritaban a gran voz:

¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» (ver 7. 9-12).

Vemos que en la fiesta del «Domingo de Ramos celestial» se unen, la gran multitud, los ángeles, los ancianos… O sea, todos los redimidos.

Muchas veces quedamos impactados cuando todo un estadio está lleno de personas con banderas en sus manos saludando a su equipo de fútbol. Lo que ocurrirá en la eternidad no tiene comparación con lo insignificante de un estadio.

El texto de Juan de Patmos describe cantos a gran voz; adoración de rodillas, alabanzas y gritos de gratitud. Todos reconocen que la única fuente de salvación es el Señor. La multitud reconoce que son un pueblo victorioso gracias a Jesucristo. Oímos gritos de gloria, honra y poder al que es el Todopoderoso.

Resulta muy interesante leer el comentario de Stam sobre la fiesta de las enramadas (Ver Tomo II: 112-13).

«Cuán Grande es Él»

«Tributen al Señor, seres celestiales, tributen al Señor la gloria y el poder.

Tributen al Señor la gloria que merece su nombre; póstrense ante el Señor en su santuario majestuoso» (Sal 29. 1-2).

«Los cielos, Señor, celebren tus maravillas, y tu fidelidad la asamblea de tus santos. ¿Quién en los cielos es comparable al Señor? ¿Quién como él entre los seres celestiales? Dios es muy temido en la asamblea de los santos; grande y poderoso sobre cuántos lo rodean. ¿Quién como tú, Señor, Dios Todopoderoso, rodeado de poder y de fidelidad? … Dichosos los que saben aclamarte, Señor, y caminan a la luz de tu presencia» (Sal 89. 5-15)

Luego hay alguien que realiza una pregunta retórica sobre quiénes son toda esta gente de la multitud; y surge una interesante respuesta, indicando que son los redimidos, quienes han pasado por hambre, sed y calor, por grandes tribulaciones, pero que son pastoreados por el Cordero, y él les da refugio, consuelo y fuentes de agua viva (ver 7. 13-17).

Termino con algo que me parece importante: «¡Cuán revolucionario es el cuadro que presenta Apocalipsis 7! Esta multitud multinacional y pluricultural (7 .9) …, salta todas las barreras y entra directamente en la plena presencia de Dios para servirle «día y noche… en su templo (7. 15).

No queda ningún rastro de segregación racista, ni de discriminación machista, ni de dicotomía entre clero y laicado. Al igual que los cuatro seres vivientes, los veinticuatro ancianos y millares de ángeles, éstos están ante la misma presencia de Dios en el lugar santísimo» (Stam, II: 143-144).

Hoy recordamos domingo de ramos, y tal vez usted vio que algunos pasaron caminando con palmas frente a su casa, o por cerca de su iglesia. Imagínese usted en medio de una fiesta, saltando con ramas en su mano, como ocurría en Israel, mientras algunos leían a gran voz el Salmo 118, y todos juntos saltaban y saltaban con las ramas en sus manos al llegar al versículo 25 que dice:

«Bendito el que viene en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos»

Seria lindo que usted y yo vayamos practicando esto, aunque sea una vez al año; ya que pronto viviremos en el eterno domingo de ramos celestial, adorando al Cordero, Dios con nosotros, el que nos redimió,

Bendiciones. No se olviden de subrayar y hacer preguntas a Ap. 8, y ¡hasta la próxima!

  • Wolfgang A. Streich

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