Los ángeles callan, y uno de ellos mezcla incienso del cielo con nuestras oraciones (Ap. 8:3-4).

Llegamos al capítulo 8 del Apocalipsis de Juan. Trataré de comentar de forma simple y sencilla. Sin muchas complicaciones. Es bueno recordar que venimos identificando, subrayando y aplicando los actos comunicativos de los libros de la Biblia. En este caso del último libro de la Biblia.

Silencio vs. ruido (8. 1-4)

El silencio, así como el ruido son elementos que intervienen en la comunicación, y uno u otro nos indican aspectos a tener en cuenta.

Soy una persona a la que temperamentalmente me gusta la tranquilidad y el silencio. Me molesta tremendamente cuando algún vecino pone música por altoparlantes a todo volumen. Valoro mucho que los miembros de mi familia mantengan silencio cuando estoy escribiendo. Aunque también necesito de tiempos de abundante comunicación en la que el silencio suele estar ausente.

Recuerdo cuando era estudiante del seminario teológico, me dieron la tarea de abrir el templo de la universidad de 6:00 a 6:30 a.m. En invierno, a esa hora era completamente de noche, con algunos grados bajo cero. Sin embargo, siempre iban algunos alumnos a orar. Yo disfrutaba del espectáculo. El templo tenía capacidad para unas 1.200 personas. Prendía las luces, abría las puertas, y luego generalmente parejas de novios, y algunos otros solos, iban entrando, se sentaban un rato, se arrodillaban, se levantaban y se iban. Todo era absoluto silencio. También para mí era un deleite espiritual sentarme, abrir mi Biblia, leer y meditar en algún texto, también orar. El día después de esto resultaba algo extraordinario. Entre esto y las clases de Romanos con un profesor anciano, eran lo mejor de lo mejor.

Hace unos meses me logré contactar con la Junta Mensual de la Ciudad de México de los Amigos (cuáqueros). Realmente me resultó una novedad eso de tener reuniones de adoración, todos en silencio de unos 45 minutos. Pude participar en 3 o 4 reuniones por Zoom, y me gustó mucho. Investigué en literatura en Internet, sobre el origen de este tipo de adoración, y me parece que todas las iglesias deberían experimentar algún tiempo de silencio. Otra iglesia que practica algo de estos períodos de silencio, de forma más breve, es La Viña (Vineyard).

En realidad, no creo que solo uno pueda adquirir la luz en medio del silencio. Creo firmemente en el modelo de hermenéutica comunitaria anabautista donde todos podemos comunicar nuestra comprensión del texto bíblico. Pero nos vendría bien un tiempo de media hora de silencio cada tanto.

Hablando de media hora, el texto de hoy nos habla de media hora en el cielo. Debemos tomar en cuenta que esto se trata del séptimo sello, luego de un paréntesis de adoración de la gran multitud.

Imagínese: Paran las alabanzas, para la música, los ángeles, hasta los de más alto rango se callan. Me gustó mucho leer el libro de Max Lucado «Y los ángeles guardaron silencio». Se los recomiendo. Trata del silencio del cielo entero durante los acontecimientos de la pasión y muerte del Señor Jesús en la cruz.

Pero aquí, en Apocalipsis, el silencio se debe a otro motivo. Se debe a las oraciones de todo el pueblo de Dios. Lea el cap. 8. 1 al 4. Imagínese. Piense que Dios está atento a todo lo que usted y yo digamos en nuestras oraciones. A veces pedimos tonterías, verdad; pero siempre «en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse en palabras… Y Dios examina nuestros corazones e intenciones…» Romanos 8. 26-27

En el texto que analizamos hoy vemos que el ángel mezcla incienso del cielo y lo mezcla con nuestras oraciones (Ap. 8. 3 – 4).

¡Qué maravilla! El cielo se llena de un olor agradable que llega hasta Dios con esta mezcla aromática. Aquí vemos que no hay velo, o cortina en el cielo, a diferencia del tabernáculo y el templo de Israel. El velo se ha roto con el sacrificio de Jesús en la cruz. Nuestras oraciones tienen libre acceso a la presencia de Dios. El autor de Hebreos indica: «Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más lo necesitemos» (Hebreos 4. 16).

Llega el ruido de las trompetas (8. 5–13)

Esta parte del texto me deja un poco perplejo, pero Juan Stam me ayuda a comprenderlo. (Ver Stam II: 153 – 198).

Aquí evidentemente encontramos un texto cargado de símbolos donde Juan de Patmos combina los elementos de las plagas egipcias, y otras porciones del Antiguo Testamento, con su peculiar creatividad. Vemos una obra de arte, donde se repiten 4 + 2 + (paréntesis) +1 . Ya lo habíamos visto con los sellos 4 + 3. Eran cuatro caballos + oraciones de mártires, eventos cosmológicos (paréntesis) y las oraciones de todo el pueblo de Dios.

Aquí también son 4 + 2 + (paréntesis) + 1.

Puede ser muy simplista pensar que todo esto es simplemente una obra de teatro o una poesía armada por Juan. Sí, hay mucha creatividad. Evidentemente todas las trompetas tienen sonidos escatológicos, y están relacionadas con el juicio final de Dios sobre el mal.

Podemos recordar por ejemplo a la toma de Jericó que estaba llena de sonidos de trompetas: seis días, siete sacerdotes rodearon la ciudad tocando siete trompetas; el séptimo día circunvalaron siete veces con trompetazos y la muralla cayó (Ver Josué 6).

También los sacrificios diarios en el tabernáculo y en el templo tenían previamente un sonido de trompetas, y diversas fiestas judías, y específicamente la del día de expiación eran anunciadas con sonidos de trompetas.

Diré aquí algo que quizá a algunos no les guste. Si se cumplieran las 7 trompetas de manera literal, nadie podría quedar vivo sobre la tierra. Imagínense, una estrella que caiga sobre la tierra y destruyera al 33,3% de la creación y de la humanidad… ¡Barbaridad! Hoy la NASA está preocupada por un meteorito de 10 kilómetros de longitud que podría destruir toda la tierra.

A lo que voy, creo que es mejor entender esto desde otro punto de vista, no tan catastrofista como el dispensacionalismo, ni el de algunas otras corrientes que ven literal cada uña de la bestia, o los aguijones gigantescos de las «langostas» de la quinta trompeta.

Simplemente comparto aquí un párrafo de Stam que trae mucha luz al tema.

«A la luz de la escatología de la creación, llama mucho la atención que los tres Evangelios sinópticos relatan que, al morir Jesús en la cruz, cayeron tinieblas sobre toda la tierra, la tierra tembló, y se rompió el velo del templo; las tumbas se abrieron y algunos creyentes resucitaron. Todos estos temas están presentes en Apocalipsis. Estas señales apocalípticas, en el centro de la historia, marcan la cruz y resurrección de Cristo como el «ya» del juicio final (Jn 3. 36) y de la nueva creación.

Es más, según Karl Barth, las tinieblas del viernes santo eran escatológicas, es decir, significaban que en la cruz de Jesús la historia, en efecto, llegó a su fin, porque en Cristo alcanzó su meta (Ef 2. 10).

Desde entonces, estamos en «los últimos tiempos» (1 Jn 2. 28) y, podríamos decir, la nueva creación «comienza a comenzar».

Charles Brütsch, ampliando la figura de las tinieblas del Gólgota, afirma que desde entonces la sombra de la cruz se extiende al mundo entero» (Stam II: 194).

Ya lo había dicho, trataré de ser breve, conciso y macizo. Quizá los 7 sellos y las 7 trompetas apuntan a la cruz de Cristo; y no hacia donde otros están apuntando.

Bendiciones y ¡hasta la próxima!

  • Wolfgang A. Streich

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