Noventa y nueve personas de cada cien piensan que son lo suficientemente buenos y la mayoría de ellos están en la iglesia. Pero esto no es así.  Todos hemos pecado y la paga del pecado es muerte y todos estamos bajo condenación.

Sin embargo, en Romanos 3. 21-26, leemos acerca de la cruz de Cristo, «Pero ahora», y dondequiera que se encuentre con un «pero» en la Biblia, por lo general cambia de idea. Acaba de dar malas noticias. «Todo lo que dice la ley, a los que están bajo la ley les dice, que toda boca sea cerrada y todo el mundo se sujete al mundo de Dios». Yo vivo en ese planeta. Vives en ese planeta. De modo que todos estamos sujetos al juicio de Dios.

“Pero ahora”, dice, y continúa hablando de la cruz bajo tres metáforas: la metáfora del mercado de esclavos, la metáfora del templo y la metáfora de la corte. Habla sobre la redención de los esclavos, el día de la expiación, la aspersión de la sangre en el lugar santísimo y la justificación, ser declarado justo, ganar el caso y recibir el veredicto.

El gran gozo del cristiano es que una vez que conoce el Evangelio, tiene el veredicto del juicio final en su bolsillo. No es solo cuando te conviertes en cristiano. Es para todos los días posteriores. Es para cuando tropiezo, cuando caigo; la justificación no es algo momentáneo. Está sobre mí todo el tiempo.

Seré justificado por la fe en el juicio final. Cristo no es solo mi sustituto en el Calvario, es mi sustituto en el día del juicio si confío en él y lo he reclamado como mi salvador.

– Desmond Ford. 


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