Se trata de servicio, no de un título honorífico conferido para fomentar nuestra autoestima, ni una pretensión de privilegios

Creo que esta semana se armó un debate sobre el pastorado de la mujer, al ser nombrada Pastora Principal de la iglesia Centro Familiar de Adoración CFA la hermana Bethany Vda. de Abreu.

Para comenzar, mi postura es a favor 100% del pastorado de la mujer. Ya explicaré esto más adelante.

En las iglesias anabautistas nunca esto fue un problema; actualmente es común tener pastoras en las iglesias; (no me refiero a esposas de pastores), sino a pastoras principales. Incluso la Conferencia Mundial Anabautista (CMM) fue presidida por Nancy Heisey como presidenta.

Es algo muy normal, hoy tener pastoras en todas partes del mundo (excepto Latinoamérica, donde es difícil encontrar alguna). Por supuesto, hay mujeres destacadas en el ámbito teológico, en las misiones, en el ámbito de la educación, en la administración, como también en todas las áreas del desarrollo humano, incluyendo la familia.

El sacerdocio de todos los creyentes

2 Pedro 2. 4-10 Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos, pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a él, también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo. Así dice la Escritura: «Miren que pongo en Sión una piedra principal escogida y preciosa, y el que confíe en ella no será jamás defraudado». Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero para los incrédulos, «la piedra que desecharon los constructores  ha llegado a ser la piedra angular», y también: «una piedra de tropiezo y una roca que hace caer». Tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual estaban destinados. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido».

Aquí encontramos un texto de lo que realmente creían y practicaban los cristianos en el siglo I; y podemos entender el llamado al ministerio cristiano a todos, tanto hombres como mujeres “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”

Por supuesto con el autor de Hebreos, concordamos que Jesús es el verdadero Sumo Sacerdote.

Pero todos los creyentes, a través de recibir a Jesucristo como Salvador y el bautismo somos ordenados como sacerdotes bajo el ministerio de nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Tres referencias sobre el sacerdocio de todos los creyentes se encuentran en el libro del Apocalipsis, que habla de Cristo quien “nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Ap 1. 5-6), “y nos has hecho para nuestro Dios un reino y sacerdotes” (Ap 5. 10), y de los redimidos “que serán sacerdotes de Dios y de Cristo” (Ap 20. 6).

En virtud de nuestra unión con Cristo participamos de un sacerdocio que se deriva del suyo. Su posición sacerdotal delante de Dios es imputada a cada creyente cristiano. Al llamarnos “sacerdotes ante Dios”.

No tenemos aquí tiempo para desarrollar todo lo que implica ser Sacerdotes de Dios y de Cristo; pero Pedro nos da algunas ideas de la amplitud de este ministerio (básicamente ofrecer sacrificios espirituales y la proclamación de las maravillosas obras de salvación de Jesucristo).

Esto puede implicar, la predicación, la evangelización, la labor misionera, y todas las actividades y funciones que tiene cualquier creyente sea hombre o mujer.

No haré una investigación muy compleja, pero podemos aquí señalar por ejemplo que Aquila y Priscila eran individualmente sacerdotes llamados al ministerio sacerdotal de Jesucristo en este mundo.

Si uno investiga bien, no existe una doctrina de «la ordenación pastoral» en el Nuevo Testamento. Recordemos que en el bautismo cada creyente es «ordenado» un sacerdote. Tal vez la imposición de manos de las epístolas Paulinas, no tienen el mismo significado que tienen hoy en día las complejas «ordenaciones al pastorado», que varían ampliamente de una denominación o tradición cristiana.

  • Wolfgang A. Streich

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