El dragón es el diablo, la serpiente antigua; y el niño es Jesús. Pero ¿Quién es la mujer?

Llegamos por así decirlo a la mitad del libro de Apocalipsis, y aquí debo bajar la velocidad a la que veníamos yendo. No es que el camino se vuelva sinuoso, pero la característica de los temas tratados en los capítulos 12 al 19 hacen que se vaya más despacio.

Hay muchos más simbolismos que antes, y aparentemente se desencadena un “gran conflicto”, por así llamarlo. Es como que Juan vuelve a los inicios del mal en el universo, pasando por Génesis 3. 15, la guerra entre la serpiente (un feroz dragón con hambre) y la simiente de la mujer, y pasando por eventos históricos de la vida del Mesías como la Navidad, presentados en forma de arte dramático, con un rico simbolismo; la lucha entre Cristo y Satanás, el reinado de nuestro Señor desde su ascención y la persecución del maligno a los seguidores y testigos (mártires) fieles.

En la narración de 12. 1-6, figuran tres personalidades centrales: la mujer, el dragón y el niño.

El dragón representa al diablo, la antigua serpiente y la alusión al Salmo 2 nos permite entender que el niño es Jesús. (ver Stam, III – aquí iniciamos el tomo tercero, págs. 24-31).

¿Quién es la mujer?

Stam dedica bastantes páginas a las diferentes interpretaciones sobre quién es la mujer:

Unos interpretan que es la mujer Eva, otros que es Israel, otros la iglesia y otros la virgen María.

No quiero enredarme en esto, pero simplemente pondré un párrafo de lo que concluye Stam, (Ver Stam, III: 31-35)

“En esta caleidoscópica galería de figuras, la mujer evoca la imagen de la Eva antigua y después representa a la Israel ideal (Sión, la madre del pueblo de Dios), para al fin hacerlo con la iglesia como comunidad de fe perseguida… Si la mujer es una “señal en el cielo”, no debe sorprendernos que el símbolo funcione en múltiples niveles de significación” (III: 31).

Esto me hace recordar a la postura de otro de mis teólogos preferidos, el Dr. Desmond Ford, quién durante su defensa de fe teológica escatológica explicó lo que él entendía como “estudio escatológico apotelesmático de la Biblia”, y esto significa para el buen entendedor, simplemente que una profecía apocalíptica podría tener cumplimientos en diferentes épocas de la historia de la humanidad, en tiempos diferente, y un cumplimiento en eventos distintos.

Ford utiliza ilustraciones sencillas sobre cómo eventos del libro de Daniel y de los discursos escatológicos de Jesús, se aplican en la Biblia, a sucesos bastante diferentes (podría nombrar varios ejemplos, pero por fala de espacio no lo haré).

Bueno, Stam también dedica varias páginas sobre su postura sobre Israel y el cristianismo en los escritos de Juan de Patmos (ver III. 33-35). Posiblemente más de uno no estará de acuerdo con Stam en esto, pero yo aprecio que haya diferentes posibles interpretaciones relacionadas a esto. Pero creo que se ha vuelto muy novelesco todo el tema de la serie de libros y películas “Dejados atrás” de Tim La Haye y Jerry B. Jenkins. Hubiera preferido no haber visto esas películas nunca…

Aplicaciones prácticas

“Cuando este relato se lee en ese contexto histórico, es imposible no reconocer que tiene mucho significado para nuestra vida, ahora que vivimos bajo otro imperialismo unipolar mundial. También, en la forma de expresarse que tiene Juan, podemos percibir ciertos principios y presupuestos con un mensaje hoy en cuanto a las mujeres en nuestro mundo moderno, y específicamente las mujeres de América Latina”. (ver Stam III: 55-63)

Enumeremos algunas aplicaciones:

  1. Los dolores de parto de la mujer conllevan la paradójica relación entre el dolor y el gozo. El colmo del sufrimiento es más bien el nacer de una nueva esperanza… Para el pueblo de Dios no hay parto sin dolor. Es interesante aquí comparar este texto con Juan 16. 19-21 “…La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser”.
  2. Dios está al lado de los débiles e indefensos, las mujeres y los niños, como en este relato.
  3. Evidentemente el texto sirvió a los primeros lectores del Apocalipsis en los sufrimientos que estaban atravesando, como también a todos los testigos de todas las épocas en su sufrimiento.
  4. El dragón está furioso. Muy notable aquí es la identificación del color rojo (púrpura, escarlata), con el mal. Aquí uno no puede olvidar de señalar el texto: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pe. 5. 8).
  5. El reino de Cristo no es una dictadura. En esto Stam vuelve a recalcar la figura del Cordero, y el único poder del evangelio, la buena noticia de la cruz.
  6. Dios interviene en la lucha, y toma partido a favor de la vida amenazada.
  7. El dragón odia a las mujeres y a los niños, pero Dios los protege.
  8. Finalmente, Stam termina con algunas consideraciones sobre la celebración de la Navidad relacionada con este texto.

¿Qué hay de comunicación en este texto?

Bueno, yo he encontrado algunas cosas… la hermosura de la mujer; siempre la apariencia transmite algún mensaje comunicador. Lo mismo podemos decir de la horrible apariencia del dragón de siete cabezas y diez cuernos, con una cola violenta, y un espíritu asesino.

¿Cómo es nuestra comunicación? Y qué tiene que ver la paz y el odio como comunicación en este texto. ¿Con quién me identifico?

Luego vemos gritos de dolor de parto, y el fabuloso arrebatamiento del Hijo y la huida de la mujer al desierto. Hasta aquí la escena produce en nosotros de nuevo un sentimiento agridulce, como en el capítulo 10. Dolor, luchas, desolación y desiertos, vs. victoria y esperanza.

Hasta aquí. La semana que viene seguiremos con 12. 7-12. Ya saben cuál es la tarea.

Bendiciones y ¡hasta la próxima!  

  • Wolfgang A. Streich

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