Señor Todopoderoso, bendito es el que confía en ti (Salmo 84. 12).

Son las situaciones difíciles las que nos convierten en el tipo de personas que han aprendido a confiar y obedecer independientemente de las circunstancias. Al cristiano no se le promete una vida libre de presiones y ansiedades. Se le promete la seguridad de que Dios no lo abandonará, porque Dios estará con él en medio de todas las pruebas de la vida. Al cristiano se le promete que finalmente verá que todas las cosas han funcionado juntas para bien, y que ni la muerte, ni la vida, ni las cosas presentes, ni las cosas por venir, ni nada pueden separarlo del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.  Poder reclamar a Dios como tu Padre es mucho, mucho mejor que ser el rey de un gran país o la persona más rica de la creación.

Tener a Dios como tu Padre, al cielo como tu hogar, la vida eterna en el presente, el perdón de los pecados, caminar al paso del universo: eso vale más que todas las riquezas del mundo. Cuando crees esto, las pruebas de la vida disminuyen en importancia.

Hay quienes piden un análisis de la relación de causa y efecto detrás del problema, con el fin de tomar una decisión con oración y cuidado, y luego actuar. Sin embargo, está bien, como dice el antiguo himno: «Confía y obedece, porque no hay otra manera».

– Desmond Ford

¿Cuál es más difícil para ti: confiar u obedecer? Desarrolle sus «músculos espirituales» leyendo o viendo el testimonio de alguien que ha tenido que confiar u obedecer a Dios para poder pasar sus problemas a un lugar de bendición.


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