La tentación de Cristo no fue nuestra tentación. El diablo tentó a Jesús sobre la misión de nuestro Señor. Nosotros no estamos tentados a convertir las piedras en pan, a saltar desde los pináculos del templo, a recibir los reinos del mundo. No somos salvadores del mundo.

El primer Adán fue desafiado por el diablo. El último Adán desafió al diablo. (Jesús, recordarás, fue llevado al desierto por el Espíritu Santo.)

Cuando el Primer Adán perdió, involucró a todo el mundo en su ruina. Cuando ganó el Último Adán, involucró a todo el mundo en su victoria. No tenemos que rendirnos a la tentación. Al creer en Cristo, podemos ser vencedores. ¡Mientras ejercitamos la fe, la victoria ya es nuestra!

Todos estamos hechos de manera diferente. Algunas cosas que me tientan pueden no tentarte. Algunas cosas que te tientan, tal vez no me tienten. El diablo conoce nuestras debilidades. Se retuerce en las grietas entre los huecos en nuestra armadura. Él sabe que somos débiles. ¡Él busca tentarnos haciendo una gran estrategia!

Es maravilloso saber que Cristo ha derrotado al diablo. Mirando a Cristo podemos ser vencedores de la tentación.

– Desmond Ford.


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