«A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.  De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe»». Romanos 1. 16-17

Esta es la esencia de la fe cristiana: lo que ustedes y yo no tenemos por naturaleza, lo que no podemos desarrollar, lo que no podemos ganar, es el regalo que Dios pone en la mano de fe del mendigo.

La mano de un niño no se gana la manzana que colocan en ella. La mano del niño no hace la manzana ni merece la manzana. La mano simplemente toma la manzana.

En eso consiste la fe.

La fe no es algo en lo que tengamos que trabajar. La fe no es algo que se logra por el esfuerzo psicológico o por el razonamiento lógico. La fe es un regalo de Dios para aquellos que escuchan que Dios los amó lo suficiente como para morir por ellos. Si no nos oponemos a eso, si no nos resistimos al evangelio, la fe nace y reina.

La fe toma, la fe recibe. Todas las cosas buenas se dan y se colocan en las manos de fe.

“¡No me avergüenzo de las buenas nuevas!” (Romanos 1. 16-17)

Son buenas nuevas porque dice que Dios es para los pecadores.

Romanos 1. 16–17 es un eco de Lucas 15. 2: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús va a ser invitado con el que es pecador.

Dios justifica a los impíos. Todos somos impíos. Todos nos hemos salido del camino. Ninguno de nosotros ha sido rentable. Todos hemos sido egoístas. Todavía lo somos. El egoísmo nos tienta cada hora, en cada minuto que estamos conscientes.

“No me avergüenzo de las buenas nuevas, porque es el poder de Dios”. Eso es lo que necesitamos: ¡poder! Somos personas débiles.

El evangelio es de largo alcance, es para salvación. El evangelio es universal: es para todos. “Todos los que creen”.

No dice que el evangelio es el poder de Dios para la salvación de todos los que lo logran. Esa es la religión falsa.

Es para todos los que creen, no para todos los que lo logran. Para todos los que creen: allí radica la justicia que Dios ha revelado.

El gran regalo de Dios

Aquí está la idea clave del libro de Romanos: “Lo que ni tú ni yo podemos ganar, ni podemos merecer, es el regalo que Dios nos da para que lo tomemos”.

Ni siquiera es algo que podamos abrir para que convirtamos la creencia en una obra, con lo cual estaríamos de vuelta a la salvación por las obras. Creer es simplemente recibir.

La fe salvadora es el regalo de Dios para aquellos que escuchan las buenas nuevas de que “Dios es para nosotros”, cualquiera que sea nuestro pasado, nuestras dificultades, nuestras debilidades.

  • Desmond Ford

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