Sabemos que todas las cosas funcionan juntas para bien para los que aman a Dios, para aquellos que son llamados según su propósito (Romanos 8. 2).

El testimonio de las Escrituras es que todas las cosas funcionan juntas para bien de los que aman a Dios. Tenemos un Cristo que recoge los fragmentos para que nada se pierda. Sin sufrimiento no habría simpatía; sin dificultades no habría resistencia; sin dolor no habría paciencia. No hay camino a la santidad, excepto a través del sufrimiento.

Hay dos formas de reaccionar a los problemas de la vida. Jacob dijo: «Todas estas cosas están en mi contra» (Génesis 42. 36). “Pero José dijo: Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios cambió todo para bien”. (Génesis 50. 20).

Pablo podría haberse quejado, año tras año, después de haber naufragado, apedreado, golpeado con varas, encontrarse con falsos hermanos, soportar una espina en la carne año tras año.

Pero por el contrario dijo:

“Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida ni la muerte, ni los ángeles ni los espíritus, ni lo presente ni lo futuro,  ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (Romanos 8. 38-39).

Tenemos que aprender a bailar el baile de Adán al revés. No creyó la palabra de Dios y desobedeció; pero tenemos que aprender a creer la palabra de Dios y obedecer.

– Desmond Ford

¿Hay dos formas de reaccionar ante los problemas de la vida? ¿Cuál es tu reacción natural: pensar que todo está en tu contra o pensar que Dios puede convertir en una bendición lo que estaba destinado a hacerte daño? ¿Cómo puedes comenzar a cambiar tus patrones de pensamiento para tener una vida más plena?


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