¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos, los seres humanos para que de ellos te ocupes? (Sal 8. 4).

Todas nuestras preguntas sobre el universo y la existencia son parte de nuestra pregunta principal: «¿Qué es el hombre?» ¿Quién o qué es este ser que hace las preguntas?

Solo la revelación cristiana que se encuentra en la Biblia puede responder correctamente la pregunta. Rechaza los dos puntos de vista tradicionales: optimismo ingenuo (que los humanos son divinos y perfectos) y pesimismo cínico (que los humanos no valen nada y son totalmente malvados).

La creación y la caída como se registra en Génesis son la única explicación adecuada de la naturaleza del hombre. La humanidad, hecha a imagen moral de Dios, por desobediencia se ha convertido en un híbrido: mitad ángel, mitad demonio.

La religión cristiana y el Evangelio, giran en torno a estas dos verdades: hay un Dios a quien podemos conocer, y no somos dignos de él debido a nuestra naturaleza corrupta.

Es importante para nosotros conocer ambas verdades. Es igualmente peligroso para nosotros conocer a Dios sin conocer nuestra propia miseria, y conocer nuestra propia miseria sin conocer al Redentor que puede liberarnos de ella. El conocimiento de solo uno de estos puntos da lugar al orgullo de los filósofos, que han conocido a Dios, y no a su propia miseria, ni a la desesperación de los ateos, que conocen su propia miseria, pero no al Redentor.

– Desmond Ford

Algunas personas conocen a Dios más que su propia miseria, y otras personas conocen su propia miseria más de lo que conocen a Dios. ¿A cuál de ellas te inclinas más fuerte? ¿Qué te dice esto sobre las áreas en las que necesitas crecer en tu caminar con Dios?


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