La gran ramera monta la bestia que sube del mar. Adúltera, blasfema, abominable y violenta. Es también poderosa y como una “influencer” de hoy en día.

“Roma tiene la apariencia de una señora, más no pasa de ser una prostituta. Tiene apariencia de riqueza y lujo, mas esconde el vacío y el robo. Tiene apariencia de poder y de divinidad, mas no pasa de ser un ídolo. Tiene apariencia de seguridad, más esconde la inminencia de su propia caída. Tiene apariencia de bien alimentada, más está borracha con la sangre de los pequeños” (Masters y Orofino, en Stam, Tomo IV, pág. 55).

Llegamos al cuarto tomo del Comentario Bíblico Iberoamericano de Apocalipsis, por Juan Stam.  El análisis del capítulo 17, va de las páginas 17 a la 82.

Aquí comunicacionalmente nos encontramos con esta mujer, la gran ramera, que va montada sobre la bestia que sube del mar. Es una mujer adúltera e inmoral, blasfema, abominable e inmunda, borracha y violenta. Evidentemente era líder de todos los gobernantes de la tierra, llena de riquezas, impulsando al mundo entero a la idolatría. Se creía eterna y todopoderosa, pero su final y ruina estaba decretado.

Aquí de nuevo, voy a tratar de identificar cuestiones comunicacionales, aunque sería imposible no tocar cuestiones relacionadas con la teología, el poder y la economía.

Evidentemente esta mujer, la gran ramera, se refiere no a una prostituta sexual, sino a una ciudad, identificada con el nombre de “la gran Babilonia”. Aquí claramente se puede identificar a Roma, la ciudad imperial, de tiempos de Juan.

Es interesante notar que de aquí en adelante Juan realiza una serie de contrastes entre dos ciudades y dos mujeres. El contraste resulta bien notorio y esclarecedor.

Descripción de la gran ramera

Aquí ingresa un nuevo personaje entre los ya presentados por Juan anteriormente. Recordemos que estos personajes son figuras simbólicas. Posiblemente Juan debe utilizar estas figuras para evitar mencionar directamente a Roma, ya que, si lo hacía, los manuscritos serían confiscados y destruidos en su tiempo.

Aquí los términos de Juan de Patmos, tienen que ver más con cuestiones comerciales: vender y venderse… corrupción, violencia; avanzando hacia a cuestiones religiosas como la idolatría y el poder.

Es notable que, en tiempos de Juan, en la época patriarcal, no existían mujeres poderosas, y mucho menos prostitutas poderosas. Vemos en tiempo de Jesús que las prostitutas eran personas despreciadas, y tampoco encontramos en el imperio Romano a ninguna prostituta que haya llegado al poder.

Stam indica que la “ramera” no es una mujer, sino una mafia de varones imperialistas… La prostituta, entonces, era más bien un “prostituto” (ver pág. 26).

Es interesante analizar en los libros del Antiguo Testamento, cómo los profetas utilizaron la metáfora de la prostitución y el adulterio, relacionados a las cuestiones espirituales como la idolatría y también a alianzas del pueblo de Israel con naciones extranjeras.  Muchas veces estas idolatrías y alianzas tenían que ver con “venderse”, a cambio de ganancias materiales, poder y riqueza.

Básicamente en la Biblia, en el AT y también en el NT, la prostitución espiritual está asociada con la corrupción. (ver Stam, tomo 4, págs. 20-24).

Notemos que Jesús habló varias veces positivamente de las prostitutas que en sus intenciones eran mejores que los religiosos de su época (ver Mt. 21. 31-32 y otros).

Evidentemente Juan describe a la ramera llena de lujos y fama. Tenía muchos seguidores. Podríamos decir que era una “influencer” de hoy en día.

Y es muy interesante como hoy en día la globalización, avanza con pie firme, subida en el lomo de la bestia del “poder humano”.

El gran peligro del que Juan estaba tratando de advertir a los cristianos de su tiempo, era el de obnubilarse con los poderes humanos, y las riquezas tentadoras que estaban asociadas a las alianzas con el imperialismo. (ver págs. 29-51).

No quiero hacer de esto algo muy extenso, pero deberíamos tener cuidado con la propaganda de “los poderes”, especialmente en tiempos electoralistas. Hemos visto a líderes cristianos realizar todo tipo de alianzas con los poderes de turno, y a veces, detrás de esto hay cosas que ni siquiera podemos imaginarnos. A veces resulta mejor andar solo que “mal acompañado”.

Es interesante también ver como la idolatría va tomando diferentes formas y estrategias. Ya no se trata de “una estatua” sino que mucha gente se vende, y vende su futuro, por alguna otra cosa que le otorgue poder y prestigio. Yo sé que muchos se enojarán, pero no me puedo callar. Tengamos también mucho cuidado con los “partidos políticos cristianos”.

De hecho, todo el capítulo 17 de Apocalipsis es un llamado a cuidarnos de los poderes económicos y políticos. Cuidémonos de la religión cargada de mensajes de “prosperidad económica” y “unidad a poderes políticos”.

Es interesante también “la embriaguez” y “la borrachera” de la ramera y sus socios / socias. En este tipo de asociación no existe ni un poco de lucidez mental.

El punto central de Juan aquí, es que toda asociación con la gran ramera, es una asociación diabólica y temporal. No durará para siempre, y terminará de forma catastrófica.

Otro punto a tener en cuenta, es que siempre identificaremos a la ramera por su espíritu violento. No podemos jactarnos de ser seguidores de Jesús, si utilizamos la violencia, la arrogancia, las amenazas, el miedo y el temor, para retener a nuestros seguidores. Se lo digo a usted pastor, sí a usted.

La bestia en la que cabalga la gran ramera

A partir del versículo 8 Juan interpreta quién es la bestia sobre la que va montada la ramera.

Aquí encontramos a Juan explicando; no siempre hace esto. En 17.8 vemos a la bestia intentar hacer un milagro de resurrección, casi similar al realizado en el cap. 13. Y claro, es la misma bestia del cap. 13.

“La que antes era, pero ya no es, y está a punto de subir del abismo, pero va rumbo a la destrucción” parece una parodia de “el que es y que era y que ha de venir”: intenta hacerse pasar por Dios.

Era, ya no es, sube del abismo… La bestia no es lo que pretende ser, sino que es una farsante. Pretende ser eterna, pero de echo ni “es”.

Según Stam, aquí de nuevo se ve el humor de Juan de Patmos. Es una burla de las pretensiones del imperio de ser eterno. El culto al Imperio se fundamenta en una farsa, una burda parodia engañosa, un chantaje.

A partir del versículo 11, el texto se pone un poco complicado. No tenemos muchos elementos claros para identificar a las cabezas y los cuernos, pero parecieran ser los emperadores del tiempo de Juan. Sean quienes sean, son poderes vencidos por Jesús.

Conclusión

Stam concluye (pág. 81) diciendo: “El mensaje para hoy: De las muchas lecciones que nos enseña este capítulo, la más importante es también el tema central de todo el libro: Jesucristo es el Señor de la historia. Por poderosas que sean la ramera y las bestias, su juicio es un hecho seguro (17.1). Aunque los poderes injustos tienen su hora, sentados encima de multitudes, al fin caerán bajo el peso de sus divisiones y conflictos internos…”

Keener dice: “Todos los imperios de la historia, desde los asirios hasta la Unión Soviética, han colapsado, normalmente estrangulados por sus propias contradicciones antes de ser liquidados por invasores. No tenemos por qué temer a ningún imperio ni ninguna represión, porque la historia nos garantiza que todo imperio, sea meramente humano o sea demoniaco, caerá… El propósito de Dios en la historia prevalecerá… El futuro está de parte de Dios, no con los imperios más poderosos en el horizonte de nuestro mundo”.

Stam sigue diciendo: “Este capítulo nos enseña también de la precariedad del poder…”

Y en la pág. 82 señala: “El cap. 17 nos ayudan a entender la historia y a ver cómo el juicio de Dios está en marcha dentro de los hechos…”

Y además: “Este capítulo nos plantea una denuncia realmente violenta de la avaricia y la explotación, y específicamente del consumismo idolátrico de nuestro tiempo. El culto al lujo era la “teología de la prosperidad”, que Juan describe como una ramera…

¿Quieres conseguir lo que tu quieres? Sigue a la ramera.

¿Quieres seguir el propósito eterno de Dios? Sigue al Cordero.

Hasta aquí. Bendiciones y ¡hasta la próxima! 

  • Wolfgang A. Streich

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