Este es un capítulo que puede aplicarse a gobiernos y poderes económicos, como también a poderes religiosos.

Antes de iniciar el comentario comunicacional de lo que sería casi la penúltima parte del libro de Apocalipsis, quiero señalar algunas cosas.

Hoy volvemos a sentir la bienaventuranza para aquellos justos y justas que parten a la eternidad. Ha partido la hermana Doris Stam, esposa de Juan Stam, su compañera en la vida terrenal, con quién seguramente intercambiaron opiniones sobre el libro de Apocalipsis. No tuve el privilegio de conocerla personalmente, pero seguro su familia y su iglesia la extrañaran.

Estas últimas semanas pasé por lo del Covid, pero ya estamos mejor.

Aunque no debiera hablar de política, en estos días estamos disfrutando en mi país de ver derrumbarse a un imperio económico y político, y esperamos que estos poderosos no vuelvan a levantarse.

Bien; Aquí recomiendo leer el tomo 4 del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis, de las páginas 83 a 138.

Este es un capítulo que puede aplicarse a gobiernos, a poderes económicos, como también a poderes religiosos. Creería que Babilonia representó a la Roma Imperial, pero también hoy también podemos aplicar todo esto. Ya les conté en algún momento sobre la caída del clan de José Insfrán, su iglesia, su tráfico de drogas y su lavado de dinero. Algunos han visto en Ap. 18 a la Roma cristiana, y otros a un futuro reino del AntiCristo.

Un cántico sarcástico

El texto es rico en matices, en sentimientos de alegría y festejo, ante tan grande caída. Juan de Patmos utiliza metáforas como “la gran ciudad; la adúltera; la despilfarradora, poderosa y violenta, la gran comerciante, la gran injusta, arrogante, jactanciosa, vanagloriosa, etc.…”

Evidentemente este capítulo tiene un eje político sociológico, presentando el final de los que confían en las riquezas.

El tono del escrito suena a un cántico sarcástico, casi en son de burla, llamando a todos a alegrarse en gran manera por la ruina aplastante de la ciudad imperial.

Juan utiliza profecías y cánticos del Antiguo Testamento y hace sentir al pueblo que la victoria al imperio ya era una realidad en sus días… También es un llamado a un gran regocijo hoy.

El texto es un notorio contraste entre la luz y la oscuridad. Va presentando varias razones para la caída de Babilonia, llamándonos la atención notoriamente al enriquecimiento ilimitado, el despilfarro y lujo descomunal.

Un llamado a salir

El cántico es también un llamado a alejarse de Babilonia y no ser cómplices de su corrupción. Este “salir” es un llamado para todas las épocas… “El salir es una orden divina desde Abraham… ¡La historia, la caminata, continúa! ¡Las comunidades deben salir! La vida de en Cristo es un peregrinaje de constante salir, de emigrar del sistema para construir una contra-cultura en una sociedad alternativa. Los cristianos tenemos que estar siempre dispuestos a salir, caminando en las pisadas del “pescador de otros mares” (Mesters y Orofino en Stam, pág. 92).

Vemos en el texto de Juan los millones de pecados de maldad e injusticias (acciones injustas) de Babilonia amontonados en formas de montañas hasta el cielo (18. 5).

Por otro lado, tantas injusticias contrastan notablemente con la justicia de Dios en Jesucristo. Babilonia no sólo adoraba a ídolos, sino que se rendía culto a sí misma, como divina y eterna… Era tremendamente arrogante y prepotente (ver pág. 97).

Vemos que la caída resulta más terrible para quién espera nunca caer… Aquí está el gran peligro de la autosuficiencia, ya que sin pensarlo la ruina suele venir de forma repentina y sorpresiva.

El texto presenta en tres actos una serie de canciones de protesta, burlonamente de la que está por caer; son claros cánticos contra la corrupción, contra el uso deshonesto de bienes materiales, describiendo el llanto de los cómplices poderosos.

Vemos llorando a comerciantes, ricos y poderosos. Es interesante comparar los “Ayes” de Apocalipsis, con los de Isaías, Habacuc, y los de Jesús contra los escribas y fariseos y contra Corazín y Betsaida (buscar en una concordancia Bíblica).

Es muy interesante la descripción del lujo y pomposidad de Roma analizado por Stam en las páginas 107 a 119. Le recomiendo leer.

Un llamado a la alegría

Finalmente, a partir del versículo 20 hay un llamado a la alegría, santos, apóstoles y profetas; un llamado a todo el cielo; a todo el universo.

Me pregunto si “los apóstoles y profetas” de la teología de la prosperidad estarán tan contentos, y con ganas de saltar y cantar luego de una visión como esta.

Allí están totalmente vencidos, Rómulo Augústulo, y también todos los anteriores, y tal vez podemos incluir a Hitler, Stalin, Sadam Hussein, Somoza, Pinochet, Stroessner, etc. etc. También podríamos incluir a algunos líderes políticos y religiosos de hoy en día.

No voy a continuar, porque corro el peligro de ponerme a cantar y saltar sobre el teclado…

Un llamado a no callar

Stam va cerrando sus ideas sobre este capítulo con algo muy interesante y lo escribe en mayúscula: LOS PROFETAS TIENEN UN GRAVE DEFECTO: ¡Y ES QUE NO SABEN CALLARSE!

“Este capítulo es sumamente fuerte y, para Juan y las iglesias, muy peligroso. Es un discurso casi exclusivamente económico y político. Juan se declara, sin tapujos y sin ambages, enemigo del Imperio romano. Emplea todo el arsenal del género apocalíptico para denunciar a la gran Babilonia: el oráculo profético, la sátira, la canción de protesta y la celebración himnódica de la ruina del imperio. Lo más atrevido es invitar a los lectores a celebrar jubilosos la futura destrucción del imperio y su capital” (ver págs. 134 a 138).

Comunicación y contracultura

Este capítulo está cargado de comunicación, jubilosa comunicación, aunque sabemos que en cierto sentido también peligrosa comunicación, ya que es una “comunicación-contracultura”.

Me gustó mucho leer el libro de John Stott “Contracultura Cristiana: El Sermón del monte”. Este término de Contracultura ya lo he visto en varios autores, pero creo que debería ser utilizado más frecuentemente en el estudio del Apocalipsis.

Por ahora cierro aquí. Ya vamos en la recta final del análisis de este maravilloso libro de comunicación.

Bendiciones y ¡hasta la próxima! 

  • Wolfgang A. Streich

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