Apocalipsis capítulo 19, versículo 10.

“Me postré a sus pies para adorarlo, pero él no me dejó. ‘No hagas eso’, dijo. ‘Soy un siervo como tú, y como tus hermanos y hermanas que mantienen el testimonio de Jesús. El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”. Ap. 19. 10

Voy a realizar un paréntesis para responder una pregunta que me hicieron estos días. Me han preguntado si cambié a Elena de White por Juan Stam.

Y respondo, rotundamente, ¡No! ¡Meguenoito!, ¡En lo absoluto!

Aunque debo reconocer que juntamente con muchos de mi antigua iglesia, solía arrodillarme ante los libros y el criterio de Elena de White, desde hace como 20 años no lo he vuelto a hacer; y así, también, debo reconocer que tengo mis serias dudas de cualquier grupo o persona que se doblega intelectual o espiritualmente ante un “guía”, “profeta”, “consejero espiritual”, o “teólogo inigualable”.

En mis comentarios he utilizado como material guía, en Hechos al Dr. Justo González, y para Apocalipsis al Dr. Juan Stam, porque ellos son intelectuales, y mi percepción fue que me ayudarían a organizar mis ideas. No me he arrodillado delante de ninguno de los dos, ni tampoco delante del Dr. Desmond Ford.

En algún momento, si tuviera que predicar el evangelio a alguna persona, no se me ocurriría leerle un libro de Stam, ni tampoco de Ford.

Aquí creo que tengo que hacer un llamado a la racionalidad. Uno puede leer mucho a Augusto Roa Bastos o a Gabriel García Márquez, y no ser “sus discípulos”.

Y así también, creo que es bueno leer a Stam, pero no le recomiendo hacerse “su discípulo”.

Tampoco le recomiendo doblar sus rodillas delante de ninguna corriente de interpretación teológica. Es bueno leer, investigar, tomar posturas, pero no es bueno rendir devoción ni jurar lealtad a ninguna de esas corrientes.

Bueno, solo eso quería decir.

Ya que tenemos un poco de espacio, quiero señalar que luego que termine el análisis comunicacional del Capítulo 22 de Apocalipsis, quiero dedicar algunas semanas a preparar algunos materiales de ayuda, con preguntas sobre lo que hemos estudiado, y quizá algunos ejercicios prácticos para que usted pueda preparar sus propios bosquejos de predicación sobre el Apocalipsis.

Si el Señor lo permite, quiero luego seguir con el libro de Efesios, utilizando como guía el comentario del Dr. Alfred Neufeld.

Una cosa más. También quiero señalar aquí que estos escritos no los coloco aquí para conseguir “discípulos de Streich”. No, solo que no soy un erudito, sino que mis razonamientos en ciertos momentos pueden estar prejuiciados por algunas malas experiencias que pasé en la vida. A pesar de ello, le recomiendo leer mis escritos, y si tiene paciencia darle una segunda lectura.

Verá que lo único que estoy tratando de hacer es que usted investigue y piense. Busque la interpretación con humildad y con oración. Busque algo que pueda aplicar en su vida práctica, no solo busque “pensamientos sublimes”.

Y anímese a escribir. Sabemos que el papel aguanta cualquier cosa, pero escribir le ayudará a ordenar sus ideas. Muchas veces ese proceso de escribir, nos permite descubrir cosas que nunca las hubiéramos descubierto de otra manera.

A alguna persona le puede interesar lo que usted escribe. Incluso, con el tiempo, cientos de personas lo leerán. Yo calculo que cada uno de mis artículos lo leen por lo menos 20 personas en un año; y escribo 50 artículos al año. Multiplique y verá que tengo muchos lectores, je, je…

No, la idea era que usted se anime a escribir. Recuerde no arrodillarse delante de sus propios escritos, y tampoco obligue a la gente de su iglesia que se arrodillen delante de los suyos, o de los de alguna otra persona. Si usted se arrodilla delante de algunos escritos míos, avíseme, y voy y juntos armamos una fogata para quemarlos.

Aquí termino por hoy. Bendiciones y ¡hasta la próxima!


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