Por la fe [Moisés] salió de Egipto, sin temer la ira del rey; perseveró porque vio al invisible (Heb 11. 27).

Todo en la vida depende de lo que mires. Esto es mucho más fácil de predicar que de practicar. Pero la Escritura está tratando de decirnos que podemos perseverar cuando vemos al invisible.

Mi triste experiencia es que cuando surgen problemas, me siento tentado a fijarme únicamente en ellos, a centrarme en los mismos. Las cosas no mejoran hasta que me encuentro orando repetidamente: “Señor, no te pido solamente que arregles el problema, arréglame a mí. ¡Arréglame! Haz que sea más natural para mí verte como más grande, más alto y más fuerte que esta amenaza que enfrento”.

Moisés no aprendió esta lección fácilmente. A los 40, lo arruinó todo. Se ha dicho de Moisés que pasó 40 años aprendiendo a ser alguien en la corte del faraón; 40 años aprendiendo a ser nadie, cuidando ovejas; y solo entonces Dios pudo usarlo durante los siguientes 40 años.

Moisés vio una zarza que ardía con Dios: ardía, pero no se consumía.

Dios le habló a Moisés desde la zarza, y de hecho le dijo: “Moisés, te quemaste hace 40 años. Eras como uno de esos arbustos marchitos del desierto. Pero, Moisés, si aceptas mi presencia, no te quemarás».

Cualquier arbusto viejo servirá. No es el arbusto lo que importa. Es el Dios que está en el arbusto.

 – Desmond Ford

Si “todo en la vida depende de lo que mires”, ¿Qué vas a mirar hoy? Haz que tu objetivo hoy sea ver las cosas que son invisibles, como mirar más allá de las acciones de las personas y ver sus corazones. Y lo más importante, ve a tu Dios invisible que camina a tu lado.


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